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EL PODER DE LA RESPIRACIÓN

POR MARIA MACAYA

Respirar, caminar, hablar: todo cosas que usamos cada días. Comenzamos a respirar cuando nacemos, a caminar y hablar poco después y normalmente no se nos enseña cómo hacerlo correctamente, vamos tirando. Se nos dice cómo escribir cursiva dentro de las líneas, cómo comer con la boca cerrada, cómo juntar las piezas de Lego, pero no cómo hablar desde nuestro vientre sin forzar las cuerdas vocales, cómo presionar la suela del pie al caminar para no causar tensión innecesaria en las rodillas, no cómo respirar a plena capacidad pulmonar.

La respiración es parte del sistema nervioso autónomo, el SNA. Esas son las funciones corporales que ocurren naturalmente, sin nuestro esfuerzo consciente: respiración, latido del corazón, digestión y el sistema simpático y el parasimpático. Los dos últimos sistemas, menos conocidos, son los que controlan nuestra respuesta al estrés o a la tranquilidad: el sistema simpático también se conoce por «lucha y huida» y es el que prepara al cuerpo para el estrés o el peligro – acelera el latido del corazón, lleva la sangre a los músculos, pone en pausa la digestión, el hambre o la sed. El sistema parasimpático es el opuesto, es el sistema de «descansar y digerir» y se activa cuando estamos en paz, sin estrés, sin peligros o preocupaciones. Probablemente sea innecesario decir que la vida urbana moderna ofrece cada vez menos oportunidades para que el sistema parasimpático se active. En el pasado, para que se activase el sistema simpático requería uno de esos días especiales en los que aparecía un oso o un león. Hoy en día, se activa a diario por el coche que pasa a toda velocidad, el jefe que está de mal humor, el último ataque terrorista y muchos otros eventos pequeños y grandes que mantienen nuestras mentes en alerta y nuestros cuerpos acompañándola.

Respirar ¿Cuál es el poder de la respiración? De todos estos sistemas SNA, la respiración tiene una peculiaridad: al igual que todos los demás, funciona por sí mismo, más o menos eficientemente, nos guste o no; pero a diferencia de los otros sistemas, la respiración también se puede controlar y regular. Podemos decirle a la respiración que se detenga, acelere, reduzca la velocidad, se alargue, acorte. Con más o menos esfuerzo, y con mejores o peores resultados, dependiendo del entrenamiento, la respiración hará lo que le pidamos. Además, y curiosamente, si regulamos conscientemente la respiración, podemos crear un impacto inmediato en el resto de los sistemas SNA. Si respiramos lenta y profundamente como si estuviéramos relajados, el sistema parasimpático escuchará la señal y ralentizará la frecuencia cardíaca, mejorará el proceso digestivo y nos permitirá descansar en paz. Si, por otro lado, aceleramos la respiración y la acortamos dejando que solo baje hasta el nivel del pecho, el sistema simpático lo leerá como señal de advertencia y de que el peligro es inminente y ajustará el resto de las funciones corporales en consecuencia.

Por lo tanto, sugiero intentar lo siguiente: prueba sentarte en una silla o acostarte y cierra los ojos. Ahora, conectando con la respiración, intenta respirar por la nariz y ralentiza el ritmo de la respiración. Puedes colocar una mano sobre el abdomen y otra sobre el espacio del corazón y tratar de dejar que cada inhalación pase a través de ambos espacios. Otro ejercicio es alargar tus exhalaciones. Cuente la longitud de tu inhalación y trate de exhalar el doble de tiempo que inhalas, suele ayudar decir aaaahhhh o ooooohhh con cada exhalación para que dure más y para que saque un poco más de ese estrés fuera del sistema.