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La disociación y los disociados

POR MARIA MACAYA

Disociación es una de esas palabras que podría estar en el vocabulario de todos, porque hasta cierto punto, todos lo hacemos. Se define como una desconexión de las experiencias vividas sean emocionales o físicas.

Imagina que conduces por la autopista y faltan 20 salidas hasta la tuya – calculas que son 25 minutos como mínimo. Perfecto. Puedes dejar de controlar salidas un rato y desconectar. Mantienes los pies en los pedales y los ojos en la carretera, pero una parte de tu mente se puede ir a planificar las vacaciones que se aproximan o a recordar lo que pasó cuando te fuiste. Cuando vuelves a poner toda tu atención en la carretera, te das cuenta que han pasado 35 minutos y te has saltado tu salida: has disociado y te has alejado de la experiencia presente. Es parecido a cuando decides “hechar un vistazo rápido a Instagram» y se convierte en una aventura de 30 minutos sin mucho que recalcar. La disociación también está relacionada a múltiples estados del ego: La persona que soy en el trabajo es diferente de la que está en casa, o la persona que soy cuando doy un discurso es distinta a la de una cena íntima entre amigos. Si se mantiene bajo control, este mecanismo puede ser útil y sigue siendo definido como bienestar y salud mental.

Pero ¿qué pasa con esos momentos en que la disociación es un mecanismo de defensa? ¿Una forma de no sentir o experimentar un momento presente que es demasiado difícil de soportar? La disociación nos permite no vivir el momento, no estar presente, no sentir dolor. La disociación es lo que sucede cuando, después de un accidente de coche, le preguntas al que conducía «¿Qué pasó?» y no lo sabe; o cuando una joven ha sido violada y no recuerda lo qué ocurrió.

El trastorno de identidad disociativo es el extremo. Antes se llamaba trastorno de personalidad múltiple y es a menudo el resultado de traumas fuertes como puede ser el abuso infantil o la guerra. Es una mente que subconscientemente decide: «Mi realidad, mi pasado y quién soy debido a lo que pasó es difícil de asumir, así que a veces me escapo y me convierto en otra persona». Las personas que sufren de trastorno disociativo pueden tener hasta 30 personalidades, aunque suelen tener alrededor de 8, cada una con diferentes voces, tonos y gestos. La disociación puede ser tan extrema que una de las personalidades puede sufrir una alergia que las otras no. Incluso puede ser que una tenga diabetes y las otras no.

La necesidad de dejar la realidad es conocida por casi todos. Irse de vacaciones para desconectar o sumergirse en una película o un libro que te absorbe tanto que te olvidas de la vida real durante ese rato. También está el escape a través del alcohol o de las drogas – es a menudo una vía que aquellos que no sufren de trastorno de disociacion pero necesitan escapar adoptan. Es verdad que es fácil llegar a ello y hacerlo pero el problema sigue ahí cuando “regresas” – ahí tenemos una de las causas de la adicción.

La disociación es ese extremo cuando la realidad externa o interna es tan dura que la mente por si sola decide tomar control de la situación e irse a ser esa persona para quien la vida es más fácil, a quien no le ocurren aquellas cosas demasiado duras para soportar o recordar, a ser esa persona que no tiene conflictos o ser esa persona que si los tiene no miedo de tomar control de la situación.

Si quieres leer más sobre el trastorno disociativo:

Psychcentral: Dissociative identity disorder in-depth

New York Times: New focus on multiple personality