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La línea delgada que todos podemos volver a cruzar

POR MARIA MACAYA

La línea entre estar estresado y tener ansiedad crónica  es más fina de lo que creemos, más fina de lo que nos gustaría pensar. Dónde nacemos, cómo somos criados, nuestra composición genética y química, con quién nos cruzamos, nuestra vulnerabilidad en un momento específico – tantas variables, muchas de las cuales no controlamos, pueden ser las que nos hacen cruzar ese línea que se encuentra entre disfrutar de una copa de vino y ser alcohólico, entre tener momentos de tristeza y estar clínicamente deprimido, entre estresarse por vivir en el mundo en que vivimos y que se nos diagnostique ansiedad, entre poder superar eventos significativos de nuestra vida – accidentes, pérdidas – y en que estos se vuelvan experiencias traumáticas que alteran nuestra percepción del mundo y cómo vivimos en él.

La línea es fina, y muchos de nosotros nos podemos encontrar caminando sobre ella, tal vez solo por un corto tiempo, sin saber que estamos equilibrando como un funámbulo y que podemos caer hacia un lado o hacia el otro. Es por eso que a menudo es tan difícil saber cuando cruzamos esa línea y cuando nos vendría bien un poco más de apoyo. Visto así, la dicotomía ‘nosotros v. ellos’ desaparece. Uno puede estar traumatizado, deprimido, clínicamente ansioso, adicto, pero la buena noticia es que volver a cruzar al otro lado también es posible. Puede requerir más o menos esfuerzo, más o menos ayuda, más o menos apoyo, pero la línea está allí para ser cruzada. Una vez que la cruzamos, podemos encontrarnos en ese lado más seguro y estable que antes parecía tan lejano. Una vez que lo cruzamos, la persona que se encuentra a sí misma en este lado más seguro y estable se sentirá más fuerte, más sabio, con más herramientas de supervivencia y, a menudo, más compasivo que antes.

Uno de los primeros signos de muchos de estos trastornos es que perdemos el poder de imaginar. Perdemos la capacidad de ver, creer o imaginar que la vida podría ser de otra manera. «Nunca seré feliz de nuevo», «La gente me ataca», «Tengo miedo de que vuelva a ocurrir», «¿Por qué siempre tengo tan mala suerte?» La mayoría de nosotros puede reconocer haber vivido momentos más largos o más cortos de bienestar vida en que la mente se apodera de ese tipo de pensamientos negativos. A veces, a menudo, necesitamos la ayuda de alguien, una palabra, un empujoncito, para verlo, para empezar a hacer algo al respecto. Gran parte de nuestra felicidad y estabilidad dependen del apoyo, la compañía, la ayuda o el empujón de los demás.

El propósito de Radika es dejar que el movimiento, la respiración se vuelvan esos amigos que nos ayudan en esos momentos. Queremos ayudar a las personas que sufren de desasosiego o de trastornos mentales a recuperarse mediante una práctica que comprenda y respete las necesidades de nuestros usuarios.

Nuestros talleres preventivos y de burn out están ahí para evitar que las personas crucen la línea, y una vez cruzadas, complementan su terapia tradicional y la de su paciente con herramientas científicamente probadas. Ofrecemos técnicas que pueden ayudar a cada persona a volver a ver, imaginar, y redescubrir el lado ese más seguro que llamamos felicidad, tranquilidad, o paz. Cada uno tenemos una palabra que define lo que buscamos.

Radika proviene de la palabra «radical» que significa regresar a las raíces, a los orígenes. Creemos que todos tenemos raíces y orígenes en este lado más seguro, a veces solo necesitamos un poco de apoyo para encontrar el camino de regreso a él.