CARTA DE ADRIANA JARRÍN SOBRE YOGA ONCOLÓGICO

Un diagnóstico de cáncer marca un antes y un después en la vida de la persona que lo padece, y la de su familia. El tiempo cobra una nueva dimensión, las prioridades se modifican, el modo de habitar el espacio y sobre todo el cuerpo, se transforman.

Pasillos largos, habitaciones de hospital, tratamientos engorrosos (dolorosos), batas blancas, etc., pasan a formar parte del paisaje cotidiano de las personas con cáncer. Es prácticamente inevitable atravesar este camino. No obstante, lo que si puede transformarse es el modo en que se transita por este camino, abriendo espacios para que la enfermedad se vivencie desde una perspectiva más humana, más amable. Y aquí encontramos al Yoga Oncológico, que gracias a su metodología, ofrece un entorno seguro en el que las personas con cáncer pueden encontrarse consigo mismas, con sus circunstancias físicas y emocionales para trabajarlas a través del movimiento y la respiración.

Cada clase de Yoga Oncológico para mí es una oportunidad para invitar a mis alumnas y alumnos con cáncer a relacionarse de una manera amorosa con el cuerpo. Sin negar las limitaciones o molestias derivadas de la enfermedad o el tratamiento, a través de los soportes (bloques, mantas, cintas) y desde la palabra, sugerir opciones para rehabilitar su cuerpo y disfrutar de sus posibilidades. Asimismo, estas clases son un espacio propicio para dejar aflorar las emociones: sí, ¡Tengo miedo! Sí, ¡Tengo rabia! Sí, ¡Estoy triste! No, ¡Hoy no quiero! No, ¡Hoy no puedo! Todas estas sensaciones legítimas que son acompañadas honesta y sensiblemente por quien orienta la práctica y abrazadas desde la comprensión y la empatía del resto del grupo en las clases colectivas.

De esta manera el Yoga Oncológico forma parte de las terapias complementarias que si bien no curan, contribuyen a reducir los factores detonantes de la enfermedad y, sin lugar a dudas, forman parte del proceso de sanación personal más allá del cáncer y su desenlace.

SOBRE ADRIANA JARRÍN

Inicié mi práctica de yoga cuando estaba en tratamiento de quimioterapia debido a un cáncer de ovario. El yoga, a través del trabajo físico y la respiración, me permitió entrar en comunicación con mi cuerpo y mi mente. Gracias a la práctica reduje significativamente los estragos del tratamiento y reorienté las emociones de angustia, culpa y tristeza que me envolvían. La esterilla se convirtió en un lugar desde el cual observar, recibir y amar la vida.

Continué practicando diversos estilos de yoga durante años hasta que me formé como profesora de Hatha Yoga Dinámico en Mandiram. Más adelante me especialicé en Yoga Terapéutico y Yoga for Cancer Survivors para compartir la experiencia transformadora del yoga con pacientes con cáncer. Posteriormente cursé la formación de Yoga Informado que ha sido esencial para profundizar en el potencial del yoga como herramienta terapéutica.

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