AUTOESTIMA Y NARCISISMO

POR MARIA MACAYA

Pensando en escribir la carta de hoy para seguir con el tema del mes en Rādika de la autoestima, decidí buscar en el diccionario el antónimo de autoestima. Pensé que quizás así, me ayudaría a verlo desde otro ángulo, otra perspectiva. Lo que el diccionario me devolvió me sorprendió:

Por un lado ponía: abandono a uno mismo, vergüenza, humillación.

Pero por el otro ponía: generosidad, altruismo, o humildad.

¡Qué dos cosas tan distintas! Ahí se entiende el debate que existe alrededor de la autoestima y si es buena o no. Quizás lo que debemos hacer es entender mejor el concepto: acercar la autoestima a la compasión y alejarla del narcisismo. Porque me atrevo a decir que generosidad, altruismo o humildad son más los contrarios de narcisismo que de autoestima.

En la mitología griega, Narciso, fue aquel joven bello que se enamoró del reflejo de su propia imagen en el agua y al quedarse inmovilizado en ese lugar por la admiración hacia sí mismo, acabó muriendo. El narcisismo, una patología que saca su nombre de este mito, a menudo ha sido vista como una autoestima sobredesarrollada. Sin embargo los estudios demuestran que aunque en lo superficial se parecen, en lo esencial y profundo son totalmente distintos.

La autoestima la desarrollamos en nuestros hijos con el cariño y la atención. Cultivamos su autoestima si les reconocemos y aceptamos tal y como son. La autoestima no piensa en ser mejor que otros, cree en ser la mejor versión de uno mismo. Es interesante que la empezamos a aprender de pequeños, la perdemos un poco en la adolescencia y la volvemos a ganar de adultos.

El narcisismo es muy distinto. El narcisismo no reconoce a la persona tal y como es. Como padres podemos potenciarlo en nuestros hijos si siempre les decimos que son los mejores. Al decir “el mejor” les ponemos en el mundo de la comparación, de la superioridad y les alejamos de cultivar valores y competencias propias. Tiene el factor añadido que “el mejor” suele ser una calificación que el que lo recibe reconoce internamente como falsa; siempre sabemos, o por lo menos existe la duda, que hay otra persona mejor. Si no hoy, mañana (aunque normalmente hoy también).

Ese reconocimiento no merecido en vez de cultivar la seguridad en uno mismo, crea una inseguridad y una presión por no poder cumplir las expectativas. El resultado es que nos sentimos peor de lo que somos simplemente por no ser “el mejor” como se espera de nosotros. El narcisismo nace en la adolescencia, y dependiendo de lo que ocurrió en la infancia se volverá a convertir en autoestima o se instalará en la persona adulta.

Los estudios demuestran que el narcisismo está relacionado con la ira, la agresión emocional y física, el egoísmo, la adquisición de bienes materiales y adicciones. Mientras que la autoestima está correlacionada con la conexión, el altruismo, la compasión, niveles bajos de ansiedad o depresión, inteligencia y bondad.

Si volvemos a mirar los resultados que me llegaron cuando busqué los antónimos de autoestima, vemos que unos de ellos efectivamente nos hablan de autoestima y otros de narcisismo. La autoestima sólo puede ser sinónimo de humildad, generosidad y altruismo. Si yo me encuentro realmente bien conmigo mismo de una forma sana, mi deseo será que tu también lo estés.

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