Los días entre Navidad y fin de año tienen algo de pausa.
Ese lugar entre la intensidad de los días pasados y el cambio de año, donde el ritmo baja y aparece un espacio para mirar, aunque sea un momento, lo que ha sido este ciclo.
En estos días, la gratitud puede asomarse de maneras distintas si la vamos a buscar.
Podemos empezar por lo evidente: lo que nos sostuvo, lo que nos acompaña, lo que nos hace sentir hogar.
Y, si queremos, continuar hacia lugares menos cómodos: esas experiencias difíciles que, sin negar el dolor, dejaron algo que nos transformó, un aprendizaje que quizá no esperábamos.

La gratitud, cuando la miramos así, se parece a un músculo.
Un sendero en el campo que se marca según cuántas veces lo recorremos.
Elegimos si queremos abrirlo, mantenerlo, darle forma.
Y mientras lo hacemos, otros senderos más conocidos, como el de la autocrítica o la culpa, pueden empezar a cubrirse de hierba, a difuminarse un poco.
También cumplen una función: ayudarnos a reflexionar, a crecer.
Pero solo cuando caminan junto a la gratitud pueden enseñarnos algo.
Si caminan solas, se vuelven voces duras, que duelen más de lo que ayudan.
Abrir el sendero de la gratitud en nuestras vías neuronales puede empezar con un gesto simple: colocar una mano sobre el centro del corazón.
A mí me lleva directo a ese lugar de centramiento y emoción sentida; le recuerda a mi corazón en qué dirección ir.
Quizá a ti también te sirva.
Al escribir esta carta me doy cuenta del privilegio que tengo: mi familia, Rādika, la comunidad, los aprendizajes, las conversaciones, y también el espacio de escribir estas cartas.
Gracias por acompañarme en este proceso que, al compartir, me invita a reflexionar.
Ojalá la sensación de gratitud que siento al escribir se te contagie un poco.
Y es inevitable, al hablar de gratitud, recordar que no es la misma situación para todos.
Escribo desde un lugar afortunado y lo sé.
Pienso en las guerras de este año, en la pérdida de derechos, en la deshumanización de tantas personas, y me pregunto cómo se sostiene la gratitud ahí.
Me viene Viktor Frankl: cómo encontraba sentido dentro de sí incluso en situaciones terroríficas.
Y me pregunto cómo puedo contribuir a que más personas sientan esa capacidad de encontrar su centro seguro, su voz interior, su propósito.

Ilustración Marie Montocchio
Quizá pueda empezar por mi propia mirada: hacia mí, y sobre todo hacia los demás.
Reconocer desde dónde puedo contribuir y desde dónde, sin querer, puedo estar quitándoles poder o capacidad.
Esa reflexión también forma parte de la gratitud.
Ojalá estos días te den un poco de descanso, un poco de luz y un espacio para cultivar ese sendero de la gratitud hacia ti y hacia quienes te rodean.
Cierro este 2025 agradecida de que me leas, y con ganas de seguir compartiendo contigo en el 2026.
Un abrazo,
María

