Siempre que estamos con otros, nos estamos comunicando.
Sean con nuestras palabras o la ausencia de ellas.
Con nuestra mirada y el contacto visual, o la evasión de ello.
Con nuestro lenguaje corporal consciente e inconsciente.
El efecto de las palabras se ha estudiado no solo en personas sino también en otros organismos.
Las plantas crecen más rápido si se les habla, y sobre todo si les habla una voz de mujer.
El agua, al parecer, forma cristales preciosos cuando se congela después de haber escuchado palabras agradables o música clásica. Y crea formas caóticas y descentradas cuando escucha insultos o música Heavy Metal.
¿Y qué nos pasa a las personas?
Me imagino que los resultados de los estudios no te sorprenderán: las palabras negativas llevan al cerebro y sistema nervioso a la ansiedad.
Niños que escuchan críticas y palabras negativas, se vuelven personas con un diálogo interior más negativo y autodestructivo.
Las palabras que utiliza un médico tienen un efecto directo sobre nuestra percepción del dolor.
Escuchar palabras positivas cambia, no solo cómo nos vemos a nosotros mismos sino, cómo percibimos el mundo en general.
Estos son algunos de los resultados de diversos estudios:
Las palabras tienen tal poder que ellas solas nos pueden llevar donde no estamos, nos pueden hacer sufrir lo que no estamos sufriendo, o disfrutar de lo que no estamos disfrutando.
Ahora, aquí, con mis palabras puedo activar tu imaginación:
– Te puedo colocar en una playa desierta del caribe bajo un sol radiante.
– Puedo pedirte que escuches el sonido de unas uñas arañando una pizarra.
– O puedo colocarte riéndote en una terraza mientras tomas algo con tu grupo de amigas o amigos.
A través de estas palabras puedo despertar en ti sensaciones, emociones.
Y con cada frase cambiar tu universo interior físico, emocional y mental.
Las palabras tienen el poder de cambiarnos, y saber esto es un regalo.
Saber que puedo volverme consciente y dueño de mi diálogo interior, tener el hábito de escribir un diario de gratitud, o empezar el día diciéndome una frase autocompasiva, puede cambiarlo todo para mi.
Las palabras son un regalo que llevamos con nosotros en cada momento, y que podemos utilizar como recurso.
Y este recurso funciona no sólo en cómo nos hablamos, pero también en cómo hablamos con y sobre los demás.
Puede que nuestro hábito no sea ese, o no sea siempre ese.
Si queremos cambiar algo, lo mejor es sustituirlo.
Podemos reemplazar la autocrítica por el reconocimiento, la queja por la gratitud, el insulto por la comprensión, y el chismorreo… ¡mejor hablar del tiempo!
Gracias por leerme, por leer mis palabras, y el resto de palabras y frases que hemos incluido para ti en esta carta.
Un abrazo,
María
*Si te interesa alguno de los temas que aparecen en esta carta, quizás te interesen algunos de los siguientes artículos o libros:
– Words Can Change Your Brain, Dr. Andrew Newberg, a neuroscientist at Thomas Jefferson University, and Mark Robert Waldman.
– Masaru Emoto, El milagro del agua (Libro) o Los mensajes ocultos del agua.
– Richard Alleyne, Women’s voices ‘make plants grow faster’ finds Royal Horticultural Society, Telegraph, June 22, 2009.
– Maria Richter, Do words hurt? Brain activation during the processing of pain-related words (https://www.sciencedirect.

