La palabra apego viene del latín apegar: ad-picare, que significa “ir hacia”, y “pegar o unir”.
Esta habla del vínculo que lxs cuidadores ofrecen en la infancia, y cómo esto afecta al adultx.
Una niña aprende a querer y ser querida, a validar y ser validada, a otorgar presencia y a recibirla, a depender y a ser alguien de fiar a través de lo que vive, escucha, siente y observa cuando es pequeña en la compañía de sus cuidadores, especialmente de la madre.
En este período crucial de desarrollo, se instalan las formas que tendremos más adelante de acercarnos o alejarnos, y de abrirnos o cerrarnos emocionalmente.
Queremos cómo hemos sido queridos, o queremos como aprendimos a protegernos cuando no lo fuimos, o no sentíamos serlo.
Quien ha desarrollado un apego seguro, da y recibe amor con libertad y responsabilidad. Ese es en una frase el apego seguro.
Por otro lado están el apego ansioso y evitativo, como resultado del temor al rechazo, al abandono o incluso a la violencia.
La persona con apego ansioso busca y necesita confirmación y atención constante para mitigar este miedo, que rara vez se apacigua.
La persona con apego evitativo, se defiende de este miedo al dolor emocional de otra forma: no se acerca y evita el vínculo, la intimidad, o la dependencia emocional.
En el apego desorganizado, que viene a raíz de relaciones de violencia física o emocional, se experimenta confusión, alternando entre estos dos estados de: ansiedad y evitación.
Como hija, esposa y madre pienso a menudo en esto.
¿Cómo me afecta lo que viví de pequeña?
¿Cómo se ve afectada mi capacidad de relacionarme emocionalmente y socialmente?
Y, ¿qué puedo hacer para que mis hijxs sientan esa libertad y responsabilidad al relacionarse?
Una de las respuestas es el perdón y la reparación.
No se enfatiza lo suficiente el poder de la reparación, de pedir perdón y asumir responsabilidad por nuestros actos.
De la humildad necesaria para admitir un error, y de la belleza de ser vulnerable ante el/la otrx.
“Te equivocaste y te perdono.”
“Me equivoqué y lo siento.”
Cuando hablamos del apego, hay un tema que me ocupa mentalmente: la expectativa, juicio y presión que viven lxs cuidadores hoy.
Durante varias décadas, se promovió que el/la niñx «se las arreglara solx».
Con el objetivo de no malcriarlx y que aprendiera desde pequeñx que la vida es dura, y que lo mejor era ser independiente.
Hoy las expectativas y juicios están más entorno a la duración de la lactancia, el colecho, y la vida personal de los progenitores durante el período de crianza.
Son dos respuestas distintas, ambas llenas de juicios y prejuicios, y puede que las dos sean respuestas a un mismo problema: la pérdida de la tribu.
En el pasado se vivía en comunidades.
Con la madre en cabeza, todxs los miembros de la tribu, ayudaban y contribuían en el cuidado físico, mental, y emocional de cada niñx.
Las familias y las diferentes generaciones convivían cerca, lo que permitía a lxs niñxs recibir amor y cuidado de todxs, formando parte de una red inclusiva y colaborativa.
Actualmente, se espera que lxs padres asuman el papel de toda esa tribu en un entorno que no integra la vida familiar y que separa las generaciones.
Este es para mí nuestro gran desafío.
Tanto la mentalidad de «que se las arregle solx», como la de «no me separaré de él».
Ambas son respuestas a la soledad que enfrentan lxs cuidadores de hoy en día.
Construyamos comunidad.
Un abrazo,
María

