Hola,
¿Recuerdas la última vez que te sentiste realmente inspirado?
Ese momento en que algo que viste, escuchaste o experimentaste despertó en ti una ola de motivación, propósito; ese estado de creatividad y flujo que define la inspiración.
¿Qué sabemos realmente sobre la inspiración?
• La neurociencia nos muestra que, al inspirarnos, nuestro cerebro segrega dopamina, conocida como la hormona de la felicidad, energía y motivación.
• La inspiración se vincula a menudo con estados de creatividad, «flow», propósito y afecto positivo.
• Por un lado, tenemos la inspiración, un proceso pasivo que no se puede iniciar voluntariamente (aunque lo intentemos).
Por otro, la perspiración, relacionada con el esfuerzo, que es activo, y se puede iniciar a voluntad.
Estos dos aspectos pueden ser opuestos o también complementarse.
Cuando hay esfuerzo sin inspiración o sentido de propósito, desmotiva y agota.
Cuando van juntos, porque la inspiración motiva a emprender acciones que requieren esfuerzo, se crean grandes cosas.
Mozart escribió: «Esas ideas que me agradan las retengo en la memoria y tengo la costumbre, según me han dicho, de tararearlas para mí mismo.
Si continúo de esta manera, pronto se me ocurre cómo puedo aprovechar este o aquel bocado para hacer un buen plato de él…
Todo esto enciende mi alma«.
Eso es la inspiración – te llena, te despierta, te impulsa.
La inspiración es una llama que eleva nuestra mente más allá del mundo físico, llevándonos a un lugar donde todo es posible, sin barreras.
Es en ese espacio donde descubrimos y creamos sin miedo, incluso desafiando las normas establecidas.
¿Qué te inspira a ti y qué haces para abrirte a ese maravilloso mundo de la inspiración?
¿El silencio, el arte, la lectura, la música, el aburrimiento, la naturaleza?
La inspiración puede ser desencadenada tanto por aquello que admiramos como por lo que deseamos cambiar.
Se nutre de salir de nuestra zona de confort, romper hábitos y abrirnos a nuevas experiencias, personas, formas de pensar y disciplinas.
Aunque no podemos despertar la inspiración de manera consciente, sí podemos crear un ambiente propicio para su florecimiento.
¿Te animas a explorarlo?
Un abrazo,
María

