Empecé a ir a terapia hace 19 años.
Lo decidí un verano en el que resurgieron viejas heridas.
Aunque ahora puedo hablar de ello con claridad, en ese momento solo sabía que me sentía abrumada por situaciones y relaciones, que lloraba a menudo, y me sentía incomprendida, hasta por mi misma.
Acababa de ser madre, y ese cambio vital tan importante hizo resurgir o aumentar las heridas que hasta ese momento había podido manejar y sobrellevar con mis estrategias de afrontamiento.
Principalmente la evasión. 🙂
Ese fue el comienzo de un maravilloso viaje de autodescubrimiento y sanación.
De ver que entenderse a unx mismx es un camino hacia una vida más plena y más libre.
Han pasado 19 años con fases intensas de terapia, períodos de interrupción, cambios de terapeutas y de metodologías.
¿Qué me brinda la terapia?
Un espacio seguro donde compartir sin temor a ser juzgada.
La oportunidad de reconocer y liberarme de comportamientos y perspectivas arraigadas en traumas, o dolor.
La capacidad de conectar con otrxs sin juicio, apego o rechazo, y de evitar transferir mis propias heridas a mis hijxs.
Un aprendizaje constante sobre la mente humana, los efectos del trauma, la vulnerabilidad, la búsqueda continua del amor y de la felicidad.
Reconozco que soy privilegiada.
Me gustaría recalcar aquí tres razones:
– Primero: tengo el tiempo y los recursos económicos para acceder a terapia privada.
– Segundo: mis necesidades básicas están satisfechas, lo que me da el espacio para atender a mis necesidades emocionales.
– Tercero: no me afecta el estigma que rodea a la salud mental.
Lamentablemente, soy parte de una minoría.
Acceder a una terapia privada implica una inversión económica.
En cuanto a la sanidad pública española, con la que estoy más familiarizada, cuenta con profesionales excelentes; sin embargo, se enfrenta a un sistema sobresaturado y a menudo desbordado.
La realidad es que no hay suficientes especialistas ni tiempo para atender adecuadamente a todos los que buscan ayuda.
Es frustrante, tanto para los profesionales como para los pacientes.
Dejar transcurrir meses de espera para conseguir una cita, y que, cuando finalmente se logra, no siempre se disponga del tiempo necesario para abordar las problemáticas del paciente en profundidad.
Reconocer nuestras heridas internas y admitir que estamos emocionalmente inestables es algo que generalmente hacemos cuando hemos cubierto nuestras necesidades básicas.
Si alguien está constantemente en modo supervivencia, tratando de conseguir alimento, un lugar donde resguardarse o evitando ser atacado, no hay espacio ni tiempo para reflexionar sobre si se siente triste, estresado o herido emocionalmente.
Primero es la supervivencia; la felicidad se relega a un segundo plano.
La persistente estigmatización en torno a la salud mental no permite reconocer abiertamente que unx no está bien.
Muchas veces, sin ser conscientes de ello, estamos condicionadxs a no buscar ayuda porque se percibe como un signo de «debilidad».
Este estigma nos impide abrirnos a la posibilidad de liberarnos de cargas emocionales que nos oprimen y limitan nuestra libertad.
Admitir en el ámbito laboral que unx padece de depresión o ansiedad puede desencadenar discriminación y, eventualmente, un despido (camuflado bajo otra razón).
En ciertos entornos sociales, aquellos que se perciben como «problema», «pesadxs» o que «bajan el ánimo» pueden ser marginadxs.
Con esta mentalidad, no es sorprendente que muchas personas opten por callar, guardando su dolor y esperando que nadie se percate.
Pero, hay momentos en que esa carga emocional nos supera y colapsamos.
¿Podría haberse prevenido? Sí.
La inestabilidad emocional no se manifiesta de la noche a la mañana, es un proceso gradual.
Una sociedad con menos prejuicios proporciona las herramientas para identificar y tratar estos problemas a tiempo.
Mis tres deseos para este mes dedicado a la terapia son:
– Que sea más accesible.
– Que se le de tanta importancia a la salud mental como a la física, y que haya más apoyos para personas en modo supervivencia.
– Que se erradiquen los estigmas relacionados con la salud mental.
Leo esto y pienso: «¡Vaya reto, María!»
Pero si cada unx aporta un poco, juntxs lograremos un cambio.
En Rādika, esa es nuestra misión: ofrecer herramientas, formar a profesionales y dar voz a quienes buscan mejorar el mundo de la salud mental.
Gracias por ser parte de esta comunidad y por querer contribuir al cambio.
Este 10 de octubre es el Día Internacional de la Salud Mental.
Gandhi decía: «De una forma suave, puedes sacudir el mundo».
¿Lo sacudimos?
Un abrazo,
María

