CONSTRUYENDO SEGURIDAD

POR MARIA MACAYA

Hay una cosa esencial para nuestro crecimiento, nuestra necesidad más básica: la de sentirnos seguros. Esto es cierto para todos nosotros. Estamos programados para asegurar nuestra supervivencia. Nuestro cuerpo, nuestro sistema nervioso y nuestros sentidos están preparados para ello. Toda la información que recibimos a través de nuestros sentidos, se colocan automáticamente en una de estas dos categorías: “Esto es seguro, todo está bien” o “Espera, ¿qué es eso?”.

El estado de alarma o preocupación está especialmente presente en las personas que, por cualquier motivo, sienten desasosiego. Generalmente no se sienten seguras en su propio cuerpo, y mucho menos en su entorno. Estas personas han aprendido que el mundo es un lugar inseguro, por lo que el sistema de alarma está siempre preparado y hay pocas posibilidades de descanso.

Muchos de nosotros conocemos este sentimiento de inquietud. Lo que solía ser un simple estornudo al que responder “Salud” o “Jesús”, es ahora una razón para dar un paso atrás por la posibilidad de contraer Covid. No sé si a vosotros también os pasa, pero recientemente, cuando veo películas y uno de los personajes se acerca a otro para abrazarlo, mi mente rápidamente piensa “¡Espera! Debes mantener la distancia de seguridad”. O cuando veo personajes sentados en un tren sin mascarilla, noto que mi mente y mi cuerpo entran por un segundo en estado de alarma y pienso “¿Que haces?”.

Cuando nuestro sistema nervioso está en este estado de alarma nos cuesta más conectar con otros, aprender, sentir o estar presentes; estamos demasiado preocupados escudriñando momentos, personas, espacios y olores, comprobando si son un riesgo para nuestra seguridad. Cada persona tiene sus propias situaciones desencadenantes de estados de alarma. Lamentablemente, algunos tienen o tenemos más por las historias que hemos vivido.

Hay ciertas cosas que todos podemos hacer y otras con las que podemos tener cuidado para crear sensación de seguridad en las personas con las que interactuamos. Stephen Porges, en sus investigaciones sobre el nervio vago y la teoría polivagal, hace un estudio a fondo del papel del tono, el ritmo y el timbre de la voz, así como del lenguaje corporal y del movimiento. Porges estudia cómo a través de estos podemos tener un efecto positivo o negativo sobre el sistema nervioso, y concluye que depende de cómo sean utilizados pueden construir o destruir la sensación de seguridad en nosotros mismos y en los demás.

Sé que estos días necesito calma. Me gusta que las ventanas estén abiertas y prefiero que la gente a mi alrededor use mascarillas. Me hace sentir que mi seguridad y la de los que me rodean están siendo cuidadas. Las voces y melodías prosódicas crean seguridad, mientras que las sirenas, con ese sonido estridente, crean sensación de alarma intencionalmente. Algunas formas de tacto o de acercamiento crean conexión, otras, incitan el miedo.

Tenemos todos el poder de construir o destruir la sensación de seguridad que se respira a nuestro alrededor. Podemos comunicarnos con tono de voz, lenguaje corporal y movimientos que demuestren respeto y cuidado por los demás, de tal manera que quienes están con nosotros sepan que pueden bajar la guardia.

Te invito a mirar que te hace sentir seguro o inseguro a ti personalmente, te invito a ver quién de alrededor tuyo necesita un poco más de atención en este sentido.

Un abrazo,
Maria Macaya

HERRAMIENTA #2: AUTOABRAZO

El auto abrazo es una herramientas sencilla e inmediata para reconectar con la sensación de seguridad. Recomendada por Peter Levine, consiste en colocar la mano derecha debajo de la axila izquierda (cerca del corazón, y la mano izquierda sobre el hombro derecho. Los brazos se pueden relajar hacia el abajo y la cabeza puedes dejarla vertical o quizás prefieres dejar que se relaje y llevar la barbilla hacia el pecho. Notarás una sensación de recogimiento y protección que automáticamente calmará tu sistema nervioso.

Entrevista a Nazareth Castellanos sobre el curso: “Neurociencia: Identidad y Memoria”

¿A qué edad te diste cuenta que lo que te interesaba la Neurociencia?
 A los 20, cuando estudiaba física.
 
Has decidido hacer que la Neurociencia llegue a todo el mundo, no solo a los científicos. ¿Por qué crees que puede ser útil o importante?
Porque la Neurociencia puede ser un camino de autoconocimiento. 
 
¿Nos puedes decir algo que la Neurociencia nos dice sobre la memoria?
Que la memoria es imaginación.
 
¿Y algo sobre la identidad?
Que el “yo” y el “otro” no son tan diferentes para el cerebro.
 
¿Para quién crees que puede ser útil lo que aprendamos?
Para los que no han perdido la capacidad de fascinarse.

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