EL TRAUMA EN LA INFANCIA

POR MARIA MACAYA

Estamos ya en el último día del mes de septiembre al que hemos dedicado a la infancia.

Siento gratitud hacia todas las personas que se han unido a nosotros para hablar y conversar alrededor de este tema tan importante.

Y lo es porque afecta a los que – por su dependencia y aún falta de herramientas – son vulnerables.

Es importante porque es en la infancia donde se teje la persona.

Es importante porque es en base a eso que creamos a los más pequeños como individuos y como generación.

La palabra Trauma viene de la palabra herida en griego. No todos llevamos heridas con T mayúscula. Trauma: es aquella o aquellas heridas que vienen de un evento o serie de eventos impactantes que ponen en cuestión la seguridad y la vida. Por ejemplo: abuso, un accidente, una adopción o una pérdida importante.

Sin embargo – me atrevo a decir – que todos llevamos traumas con t minúscula: pequeñas heridas que son parte del tejido de quienes somos.

Estas heridas a menudo vienen del apego – la vinculación afectiva.

El nacimiento es un momento impactante para el bebé, el cual lleva envuelto en su mundo protegido durante nueve meses y de repente se encuentra suelto – en aire en vez de agua – con luces, sonidos y sin la protección de su saco.

Gabor Maté tiene un ejercicio que llama el “happy childhood challenge” (desafiando la infancia feliz) en el que dice que todos tenemos alguna herida sin importar la infancia que tuvieras: tus padres se separaron, tu madre trabajaba y no siempre estaba por ti, te hicieron bullying en la escuela y cuando llegaste a casa no supiste contarlo, te costaba ver a tus padres discutiendo sin saber qué hacer o qué ocurriría, os mudasteis de ciudad y perdiste a tus amigos etc.

Fueron en estas experiencias donde fuimos aprendiendo – intentando crear una idea de quienes éramos, cómo funciona el mundo, cómo se quieren y apoyan las personas.

Este ejercicio de Gabor me costaba – ¿realmente tenemos que buscar cada “heridita”?, ¿tenemos que decirle y hacerle ver a todo el mundo que te dice que tuvo una infancia feliz, que en realidad no la tuvo?

Mi respuesta es que no, no hay que hurgar en todo. Pero también creo que tenemos que saber que tenemos nuestras “heriditas” que van a mostrarse de formas impredecibles e irreconocibles: en nuestros miedos, gustos, reacciones abruptas, rechazos, o evitaciones.

Van a aparecer en las personas que nos atraen y en las que nos ponen nerviosas.

Van a ser el incitador y mantenedor de nuestras futuras relaciones.

Y si las reconocemos y las vemos, si las aceptamos, las podemos limpiar. De esta forma podremos ver, experimentar y responder a lo que nos viene desde la perspectiva de hoy, y no con los ojos de ese niño o niña con heridas no curadas.

Este desafío también me deja saber que no estoy sola en mis heridas, que las personas que me rodean también las tienen.

Heridas distintas que se expresan cada una a su manera.

Si sé esto, puedo mirar a las demás personas de una forma distinta, con más compasión y empatía.

Me ayuda a reconocer que si algo o alguien me toca, quizás es una herida antigua que tengo la oportunidad de sanar.

Me abre a que si afecto a alguien de una forma no intencionada quizás le he tocado una herida, y ahora tengo la oportunidad de acompañar y ofrecer lo que en su día esa persona no tuvo: comprensión, escucha, cariño y apoyo.

Mañana empezamos un nuevo mes que dedicaremos a la Salud Mental para acompañar al Día Mundial de la Salud Mental del 10 de octubre.

Es un tema amplio que cuestionaremos desde distintos ángulos.

Es el tema y la razón por la que Rādika existe.

Gracias por leerme,

Un abrazo,
María

Newsletter

Inscríbete aquí

Datos de contacto

Mail: info@radika.org

WhatsApp: +34 673 815 946

Términos y condiciones

Política de privacidad y cookies

Política de cancelación