TE VEO: CONECTAR CON LA MIRADA

POR MARIA MACAYA

“Te veo. No estas sol@. No eres invisible.
Eres vist@. Eres vist@. Eres vist@.
Y ¡Dios! eres hermos@.”
Jeanette LeBlanc

Recientemente estuve en la Catedral Santa María del Mar para un funeral. Si no lo conoces, te recomiendo que la visites. Es uno de mis lugares favoritos en Barcelona. La inmensidad del espacio y la simplicidad de la roca desnuda me hipnotizan. Me encanta mirar los altos techos abovedados que se asemejan al cielo. La espiritualidad, una conexión con un yo superior, se despierta en mí en ese espacio, incluso si es solo por lo pequeña que soy en comparación y por el trabajo que tomó construirla.

En el funeral éramos suficientes para llenar la catedral, pero el número correcto para permanecer a una distancia física que siguiera las reglas de COVID. Llevábamos mascarillas y nuestras manos fueron desinfectadas al entrar. La gente se esparció alrededor de los bancos y sillas espaciados por la distancia de seguridad. Las personas que habían entrado juntas se sentaron una al lado de la otra.

En retrospectiva, me doy cuenta de que al menos, en la sección trasera donde me senté, el silencio era un poco más callado que en otros servicios de esta naturaleza. Había un espacio entre los congregantes que separaba más allá de la distancia física que había entre nosotros.

 

Llegó el momento de darse la paz. Ese momento en el que las personas normalmente se dirigen primero a los conocidos que están cerca para darse besos o darse la mano y luego se giran para ofrecer alguna forma de reconocimiento a los congregados a su alrededor: un intercambio de miradas, asentimientos o sonrisas de aprecio.

“Daos fraternalmente la paz,” dijo el cura.

Besé a mi esposo a través de la mascarilla y me di la vuelta para intercambiar miradas con otras personas de la ceremonia. Esa mirada que dice “Te veo y te reconozco. Comparto mi paz contigo. Eres parte de mi comunidad.”

En el pasado ese intercambio de miradas recuerdo hacerlo con personas a las que no podía llegar con el tacto, por que estaban lejos o porque nos habíamos quedado sin tiempo.

El otro día nadie se dio la vuelta ni levantó la mirada. Todas las personas que veía desde mi asiento se quedaron inmovilizados, con los cuerpos mirando hacia adelante y la mirada baja.

Esta pandemia nos da la oportunidad de repensar cómo y con quién conectamos. Podemos tomar conciencia de qué formas de relacionarnos nos ha inculcado nuestra cultura o cuáles hacemos espontáneamente desde el corazón.

Las mascarillas y la distancia física sin duda nos inhiben de utilizar algunas de nuestras formas más habituales de mostrar cariño: abrazos, besos o incluso palmaditas en la espalda.

¿Eso significa que deberíamos dejar de conectar?

¿Nos ha convertido esta pandemia en seres más individualizados cuando lo que nos exige es ser una comunidad unida?

Esas son las preguntas que me hago. ¿Cuáles te haces tú?

Nuestro siguiente foco de atención en Rādika es asegurarnos que somos para ti un centro de apoyo y de comunidad, un sitio donde tienes voz y eres escuchad@, donde puedes no solo recibir pero además compartir si asi lo deseas. Experiencias como esta nos confirman la necesidad de esto. Necesitamos crear nuevas formas de comunicar y aprender de las restricciones. A través de esta carta, abrimos la conversación:

¿Qué te gustaría que te ofreciésemos?

Un abrazo,

Maria Macaya
Presidenta y Fundadora de Fundaciōn Rādika

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