REFUGIADOS

POR MARIA MACAYA

Eligiendo nuestro tema del mes nos parecía claro que debíamos tratar el tema de los refugiados. Con la guerra hemos visto como personas de Ucrania han llegado a nuestros países, ciudades y colegios. Hemos conocido a personas que han conducido hasta Polonia a recoger a personas desplazadas; hemos donado dinero, ropa, material escolar o material médico. Algunos también hemos ofrecido nuestras casas como lugar de acogimiento. Las personas refugiadas han pasado de ser algo de lo que la mayoría escuchábamos hablar en las noticias a algo de lo que hablamos diariamente en nuestras cenas familiares.

Se calcula que más del 1% de nuestra población mundial está desplazada de forma forzada. ¿Por qué utilizo la palabra desplazamiento forzado? – porque incluye a muchas más personas. Hay más de 80 millones de personas desplazadas: de ellas solo unas 26 millones son “refugiadas” y las demás no cumplen con los requisitos para ser denominadas y apoyadas como tal.

Hay dos principales temas que me ocupa la mente estos días y que me gustaría compartir aquí.

El primero es entender los tres traumas de las personas desplazadas:

– Lo que ocurrió que las forzó a escapar.

– El viaje.

– La acogida e integración en el país de llegada.

El segundo tema que me ronda en la mente tiene que ver con este tercer trauma que sufren los refugiados en el país de acogida. Como personas pertenecientes a un país que recibe refugiados es donde más influencia tenemos. ¿Cómo recibimos, integramos y apoyamos a las personas que llegan aquí? ¿Tratamos a todos por igual? ¿Están nuestros servicios y las personas que trabajan en ellos – hospitales, colegios, lugares de trabajo, servicios públicos – preparados para comunicar, empatizar, entender y apoyar a personas con este historial traumático?

El ser humano por naturaleza es compasivo. Por naturaleza quiere y necesita conectar, estar en comunidad, ayudar al otro y recibir ayuda. ¿Qué nos ocurre para que lo dejemos de hacer? ¿Por qué dejamos a un lado esa naturaleza compasiva y nos dejamos llevar por prejuicios y miedos?

Hay una parte de mi que dice a mis adentros: “María eres una idealista, es imposible que los acojamos a todos”. Pero luego me pongo delante de una persona que ha sufrido estos traumas: que ha dejado atrás todo porque no tenía otra alternativa, que ha puesto su vida y la de sus familias en peligro para llegar hasta aquí…Tirarse al mar era menos terrible que quedarse donde estaba, que ha llegado aquí pensando que por fin podría tener tranquilidad, una vida segura, un futuro y ¿se lo vamos a negar?

Mirándolo así, no solo los tenemos que acoger, también los tenemos que abrazar. Tienen que saber que han llegado a un lugar seguro.

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