SALUD MENTAL

POR MARIA MACAYA

La línea entre tener salud mental y no tenerla, es fina.

¿Cuándo mi tristeza se puede volver en depresión y cuándo mis ganas de tomarme una copa se pueden volver en alcoholismo?

¿Cuál es el día, el acto, el pensamiento que me hace cruzar esa línea?

¿Cuándo se vuelve un diagnóstico a tratar y cuándo es algo con lo que podemos vivir sin recibir ayuda?

¿Es el diagnóstico subjetivo u objetivo por mi parte o la de mi médico?

¿Nazco con ello o, más bien, con el potencial de ello?

¿Cómo afectan los eventos que ocurren en mi vida?

En el vídeo de este Día Mundial de la Salud Mental dije:

Tener Salud mental es cuidarnos y responder a esta vida – que no siempre es fácil – con los recursos que tengo y los que voy adquiriendo en el camino, buscando el apoyo cuando lo necesito y conectando con aquellas personas o seres que me ayudan a crecer y a estar bien. Salud mental es saber y poder elegir las mejores opciones para quién soy y cómo estoy, y que estas elecciones me hagan estar por lo menos igual, si no mejor, y que contribuyan y no resten al bienestar de los que me rodean.

Cada uno nacemos y crecemos de forma única: con una genética, un cerebro, unos padres o cuidadores, una vida.

Y, ¿qué hacemos con ello?

Rādika es una combinación de dos palabras:

Rādhika fue el nombre que me dio mi primera maestra de Sánskrito: significa “aquella que prospera”.

Radicare es la raíz Latina de palabras como radical y significa “volver a las raíces”.

Nombrar a nuestra entidad así tiene un sentido claro: la salud mental está en la raíz de todos y es algo a lo que todos podemos prosperar.

La forma en como está hecho nuestro cerebro, nuestros cromosomas, nuestra genética, nos inclinará a vivir y a entender la vida de una forma u otra. Y los eventos que experimentemos tendrán efectos claros sobre cómo y quiénes somos.

Estas son algunas de los variantes que nos harán ser únicos ante cualquier situación.

Mi salud mental dependerá de mi capacidad de reconocer estas bases o variantes propias, y cuidarme acorde con ellas.

Responder a mis necesidades con respeto y cariño, y buscar la mejor forma de trabajar con esta persona que soy yo: la cual evoluciona y cambia para encontrar un equilibrio interno, y con el mundo y seres que le rodean.

El estigma rechaza cualquier diversidad, cualquier desasosiego.

Con ello niega la realidad de que todos tenemos algo único y diferente – que no existe un “normal”, que todos somos distintos (¡menos mal!).

El estigma separa entre los que estamos bien y los que estamos mal, entre nosotros y ellos.

Pretende poner una línea que ofrece seguridad a los que creemos estar a un lado, e inseguridad a los que nos dicen que estamos al otro.

Pero, ¿realmente existe esa línea?

Esta línea cierra la puerta a la comprensión, a la comunicación y al entendimiento entre todos.

Esta línea no nos deja ser quienes somos y nos fuerza a seguir unas pautas que dicen ser las correctas, aunque nos funcionen o no, si queremos sentir “formar parte de”.

Sugiero que abramos nuestra mente, que veamos que todos somos distintos, que cada uno vemos el mundo de una manera, y que lo esencial es aprender no solo a convivir, sino también a apoyar, ayudar y aprender los unos de los otros.

Gracias por leerme. 🧡

Nos vemos en dos semanas, o quizás el próximo martes 18 de octubre en la primera sesión de la nueva edición de Yoga Sensible al Trauma.

Un abrazo,
María

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