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Ilustración Marie Montocchio Cuando Rādika intenta abrir conversaciones necesarias, lo hace desde una convicción clara, también respaldada por la investigación: poner en palabras lo que vivimos y sentirnos escuchados puede aliviar el malestar y reducir la sensación de aislamiento. Cuando algo encuentra palabras, una narrativa, y además alguien que lo escuche, cambia. Puede ordenarse, encontrar espacio, perder intensidad o incluso ser el primer paso para pedir ayuda. Sobre todo, deja de vivirse y multiplicarse en soledad. Quizás lo has vivido alguna vez. Alguien que se acerca y te dice: “Estoy preocupado por ti, te veo distinto, ¿estás bien?” A veces, ante esa pregunta, lo cerramos rápido, decimos “no pasa nada” o cambiamos de tema. No necesariamente porque no haya nada, sino porque no estamos acostumbrados a ser vistos o a mostrarnos vulnerables. O porque aprendimos que hacerlo nos hacía débiles. Y aun así, algo queda. La sensación de que alguien se ha dado cuenta. De que, por un momento, no hemos pasado desapercibidos. Ese quizás es uno de los mensajes importantes de esta carta: preguntar no daña, siempre abre una posibilidad de conexión de hacer que alguien se sienta visto y que importa. Otras veces nos atrevemos, o vemos que podemos decir: “gracias por darte cuenta… la verdad es que no estoy bien”. Y en ese momento, lo que antes cargábamos solos empieza a tener otra forma. No siempre es fácil hablar. Y no siempre sabemos cómo escuchar. En parte, porque no nos han enseñado. Muchas veces hemos aprendido a juzgar, a quitar importancia, a cambiar de tema o a intentar resolver demasiado rápido. |

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