Ser bondadoso y altruista suena ideal, pero ¿es fácil?Lamentablemente, no siempre.Nos enfrentamos a numerosos obstáculos, tanto internos como externos, que hacen que ser bondadosos requiera una decisión consciente y diaria.Podemos definir la bondad como una intención clara de ver y aceptar (incluso amar) al otro por quien es, y desde ahí tener un deseo genuino de ayudar, apoyar o acompañar de forma desinteresada.En la bondad, el interés por el otro no entra en conflicto con el bienestar propio.Establecer límites y reconocer cuándo y cuánto se puede dar no es egoísmo, sino una comprensión sana de nuestra interconexión.La bondad no significa decir que sí a todo ni dejar de lado valores o necesidades propias.Además, la bondad es arraigada y eficaz, no es cortoplacista ni idealista.Entonces, ¿cuáles son los obstáculos?Aunque muchos aspiramos a ser bondadosos, nos encontramos con dificultades para llevarlo a cabo.

Primero, nuestro cerebro está diseñado para la supervivencia, lo que puede hacer que olvidemos la colaboración y la conexión con otros, optando por el individualismo.Me encanta el concepto africano de Ubuntu, que dice algo como: «Soy porque somos, y porque somos, soy».Resalta la necesidad de recordar que, aunque la sociedad a menudo nos empuje hacia la individualidad y la competencia, la realidad es que con la bondad ganamos todos.El segundo obstáculo son nuestras emociones, especialmente las negativas.Ayer estuve en la presentación del nuevo libro de Juan Manzanera, «Elegir la compasión, 21 días».Nos habló del poder que tienen sobre nosotros emociones tan básicas como la rabia, la envidia o el miedo.Estas emociones nos eligen a nosotros, nublan nuestra visión y dificultan nuestro camino hacia la bondad.Ser bondadoso implica combatir el poder de estas emociones y transformarlas en algo constructivo con el bien de todos en mente.El último obstáculo es externo y tiene que ver con cómo está estructurada nuestra sociedad.Juzgamos casi sin pensar, llevados por los sesgos implícitos y explícitos.Nos dividimos en grupos cada vez más extremos que obliteran los puntos de conexión.Nos dejamos llevar por la calumnia y las noticias negativas.Todos estos factores se normalizan y la distancia entre nosotros crece, eliminando las posibilidades de empatía y compasión.La realidad es que, por naturaleza, somos seres compasivos.Desde pocos meses después de nacer, ya comenzamos a preocuparnos por el bienestar de los demás.Hemos sobrevivido como especie gracias a este deseo innato de ayudar al prójimo y colaborar.

Ser bondadoso implica volver a reconocer ese ser que está en todos nosotros, elegir conocerlo y fomentarlo.La bondad no requiere grandes actos: intentar ver la humanidad en aquel que nos cuesta, ofrecer nuestro asiento en el metro, o saludar mirando a los ojos a la persona que pide dinero en la calle.También puede incluir ofrecer un recurso, pero lo más importante es la calidad que lo impulsa.¿Desde dónde lo haces?¿Cuál es tu intención?Estos días pueden ser un momento de reflexión sobre esto: ¿Qué te separa y qué te acerca a ser bondadoso?La bondad es beneficiosa tanto para quien la recibe como para quien la da.Con la intención consciente de integrarla en nuestra vida, poco a poco disolveremos los sesgos, barreras, juicios y emociones que nublan nuestra mirada y nos llevan a la separación.
Un abrazo,
María

