Con el proverbio en mente que asocia la inmortalidad con tres grandes logros — plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo —, más de una persona me ha dicho: “¡Ya los has hecho los tres!”.
Y sí, es cierto.
Son tres cosas que me llenan de felicidad y orgullo.
El árbol, que está en el jardín de mi casa, crece y cambia con las estaciones, regalándonos naranjas cada año.
El libro representa mi compromiso de contribuir a una sociedad más sensible al trauma.
Y mis hijos, cada día, van trazando su propio camino, nutridos por las semillas que mi marido y yo, junto con tantas otras personas que han influido en su aprendizaje y crecimiento, les hemos ofrecido.
Entonces, ¿eso es todo? ¿Ya está?

Recuerdo mis experiencias en la India, donde fui mentora en formaciones de yoga Jivamukti.
Al inicio, les preguntaba a mi grupo de alumnos: “¿Por qué estás aquí? ¿Qué esperas de esta formación?”.
Me sorprendía escuchar a algunos decir: “Quiero alcanzar la iluminación”.
¡La iluminación!
Ese concepto siempre me ha parecido inalcanzable, pero esa idea me llevó a reflexionar.
Para mí, la vida no trata de llegar a un destino final, sino de caminar el camino.
No se trata de alcanzar la perfección, sino de aprovechar cada día como una pequeña oportunidad para ser un poco mejor: mejor en cómo me entiendo y cómo entiendo a los demás, mejor en cómo me quiero y cómo quiero a quienes me rodean, mejor en encontrar ese equilibrio tan necesario entre lo que hago, lo que siento y lo que soy.
Con los años, he aprendido que ese equilibrio cambia.
Mis necesidades hoy, con 50 años, no son las mismas que tenía a los 5, 15 o 25.
Mi cuerpo, mi energía, mis emociones y hasta cómo distribuyo mi tiempo entre mi familia, mi trabajo, mis amigos y a mí misma, todo evoluciona.
El equilibrio no es algo estático, sino un proceso vivo que pide escucha, adaptación y, sobre todo, honestidad conmigo misma.

Ilustración Marie Montocchio
Este mes, en Rādika, te invitamos a dedicar tiempo al autoconocimiento.
A escuchar lo que tu cuerpo, tu mente y tus relaciones necesitan.
Cada día es una oportunidad para crecer, aprender y encontrar tu equilibrio, y desde ahí, ser un poquito mejor contigo mismo y con los demás.
Con cariño,
María

