Querida comunidad,
Este mes lo dedicamos al cuerpo.
Y al ver cómo respondéis en redes a los distintos posts que propone Marta (que, por cierto, gestiona nuestras redes con una sensibilidad increíble), siento una gratitud inmensa.
No solo por vuestra presencia, sino por la comunidad que somos en Rādika: personas conscientes, con ganas de crecer, de entender y entenderse mejor.
Buscar el bienestar es, en muchos casos, un privilegio.
Hay quienes no pueden permitírselo: tienen que centrarse en sobrevivir, y el bienestar aún no entra dentro de lo posible.
Otras personas han desconectado de esa búsqueda porque mirar hacia dentro implicaría tocar un dolor que, por ahora, prefieren no ver.
A veces se gestiona trabajando más, distrayéndose, evadiéndose con actividades o incluso con sustancias.
Cuidarse puede significar romper un muro que ha servido para poder sobrellevar.
Y ese muro, muchas veces, está construido en el cuerpo.

Ilustración Marie Montocchio
Nuestro cuerpo se convierte en el lugar donde se aloja el intento de control, la evasión o el dolor.
Las autolesiones, las adicciones, las tensiones crónicas… no son fallos.
Son respuestas.
El cuerpo está ahí, a mano, disponible para darnos una forma de sostener lo que sentimos cuando el mundo parece inabarcable o fuera de control.
Pero así como el cuerpo ha sido parte del intento de sobrevivir, también puede ser el lugar donde empezamos a sanar.
A cuidarnos.
A volver a estar.
Y ese proceso no empieza en lo grandioso.
Empieza en lo pequeño: dormir lo suficiente, saborear una comida, sentir el agua en la ducha, ponerte crema por la mañana con atención, estar presente en un abrazo.
Son acciones mínimas que envían un mensaje claro: «importo», «estoy conmigo», «puedo cuidarme».
Quiero compartir contigo una cita que me acompaña siempre, y con la que abro mis cursos de Yoga Sensible al Trauma.

Antes de enseñar qué es el trauma, cómo nos afecta y cómo abordarlo con seguridad, empiezo por aquí: por el autocuidado y la conexión corporal.
Porque solo podemos acompañar desde un lugar donde también nos acompañamos.
¿Te unes tú también a ese pequeño gesto?
“¿Qué implicaría una relación sana con nuestros cuerpos?
En primer lugar, trataríamos nuestros cuerpos con respeto y amor.
Fomentaríamos la apreciación de sus formas naturales, escucharíamos sus necesidades y desarrollaríamos un sentido de sus ritmos intrínsecos.
Llenaríamos nuestro cuerpo de comida sana y encontraríamos un equilibrio sostenible entre actividad y descanso, experiencias estimulantes y relajantes, relacionamiento social y tiempo interior.
Nos daríamos tiempo para caminar, nadar, bailar y cantar, y para llenar nuestros sentidos con las imágenes, los sonidos, los olores y las texturas como criaturas encarnadas que son una parte vital de la red de la vida.
Estaríamos conectados con nuestros cuerpos y dejaríamos que sus sentimientos y sensaciones fluyan libremente a través de nosotros.
Daríamos tanto valor a lo que siente nuestro cuerpo como a lo que sabe nuestra mente.
Habitaríamos nuestros cuerpos tanto como habitamos nuestras mentes.” — Tina Stromsted, Dances of Psyche and Soma.
Un abrazo,
María

