«Al despertarme esta mañana, sonrío. Veinticuatro nuevas horas están ante mí. Prometo vivir plenamente cada momento y mirar a todos los seres con ojos de compasión”. Thich Nhat Hanh
¿Sabías que el 95% de lo que hacemos es hábito o una respuesta a lo que nos ocurre?
Está demostrado que la mayoría de nosotrxs decidimos conscientemente lo que hacemos solo el 5% del tiempo: cómo comemos, dónde guardamos las llaves, cómo saludamos o cómo caminamos.
Alfred North Whitehead escribió: “la civilización avanza extendiendo el número de operaciones importantes que podemos hacer sin pensar en ellas”.
Me gusta ser eficaz y práctica. Sin embargo, la idea de hacer las cosas de forma automática, sin presencia ni corazón, me deprime.
El no ser consciente de lo que hago el 95% del tiempo, no estar presente en la gran mayoría de mis actos, es equivalente a no vivir.
Una forma simple de entender el cerebro es con el cerebro triuno:
– El cerebro reptiliano es la parte más cerca de la nuca que ejecuta las funciones automáticas de homeostasis corporal o sistema nervioso.
– El cerebro límbico es el que nos hace sentir, conectar, recordar.
– La corteza prefrontal, que es la que nos diferencia del resto de los mamarios, es donde pensamos y planificamos.
Los hábitos se van incorporando y teniendo lugar en el reptiliano: ni los pensamos, lo que me parece aún peor, ni los sentimos.
El 95% del tiempo perdemos la oportunidad de pensar si realmente es la mejor forma de hacer las cosas: de ejercitar la memoria, el pensamiento crítico, y perdemos el 95% de oportunidades de oler, escuchar, y también de amar, empatizar o conectar con nosotrxs mismxs y con lxs demás.
A veces se ven los propósitos como una intención de cambio o integración de nuevos hábitos.
De hecho está demostrado que si la nueva resolución se vuelve un hábito, entonces es cuando se mantiene, porque se vuelve nuestra forma de ser, de vivir.
Por ejemplo, si te propones despertarte temprano, ir al gimnasio 3 veces por semana o no comer carne los lunes, cuando lo haces se vuelve «como funcionas» y como te organizas sin esfuerzo, y casi sin pensarlo – eso es un propósito conseguido.
Pero, ¿tiene el hábito que llevar a la inconsciencia, a la no presencia?
Quizás me como mucho el coco, mi marido te dirá que demasiado, pero me gustaría pensar que estoy aquí:
Que cuando como, sé que como, como lo como y con quién lo como; que cuando camino se dónde pongo mis pies, integro mis alrededores desde todos los sentidos y sé lo que me hace sentir; que cuando hago el saludo al sol, el triángulo o hasta la relajación, estoy desde que entro hasta que salgo en la postura o en el movimiento.
Hablamos del famoso mindfulness.
Sin duda para mi la clave a la longevidad: no sé si porque vives más tiempo (probablemente también) pero sobre todo porque si sumas los momentos realmente vividos, con presencia, estando ahí y no en evasión, habrás “vivido” mucho más tiempo – más minutos, horas y días.
Eso, me apetece 🙂 y ¿a ti?
Un abrazo,
María

