Si volviese atrás, no le habría dicho eso a mi madre, o quizá lo habría dicho de otra manera.
No me habría peleado con mi amiga por una tontería; no le habría regañado así a mi hijo; habría abordado aquel problema con más paciencia o desde otro ángulo.
Y así, la lista de “hubiese hecho esto distinto” podría ser interminable.
Sin duda, al mirar atrás, hay decisiones que no habría tomado, caminos que habría recorrido o maneras de actuar que habría cambiado.
Pero puedo elegir vivir atrapada en el “hubiese” o puedo reconocer las lecciones aprendidas.
Si ahora lo haría distinto, es porque he crecido, me conozco mejor, entiendo mejor a los demás, y mis prioridades se han afinado.
Y, muy posiblemente (¡y ojalá!), dentro de 5, 10 o 15 años, habrá cosas que hago hoy que también haría distinto.
Eso es aprender, crecer y conocerse.
Cada etapa de la vida, cada desafío, cada obstáculo superado nos moldea.
Y cuando estamos dispuestos a conocernos mejor, a escucharnos con honestidad, encontramos claridad en nuestro propósito.

El autoconocimiento no siempre es fácil ni cómodo.
A veces implica darnos cuenta de que hemos tropezado una y otra vez con la misma piedra.
Otras veces, esa piedra es más grande de lo que queríamos admitir, un verdadero bloque que daba señales de advertencia claras.
Tal vez esa piedra no era algo que debíamos eliminar, sino un obstáculo que necesitaba ser rodeado, movido, o incluso abrazado para entender su significado.
Este mes en Rādika, te invitamos a reflexionar sobre tu camino de autoconocimiento.
Es una oportunidad para explorar, con curiosidad y compasión, qué te importa, qué te resuena y cómo puedes moverte hacia lo que realmente es coherente contigo.
El autoconocimiento es la base de cualquier transformación, y desde Rādika queremos acompañarte en este viaje personal.
Podemos aprender de los desafíos y aprovechar las oportunidades, grandes o pequeñas.
Preguntas simples pueden abrir puertas enormes:
– ¿Qué me hace sentir bien y alineado con mis valores?
– ¿Me gusta abrazar o dar dos besos a cualquiera, o algunos gestos se sienten como una invasión de mi espacio personal?
– ¿Qué personas me aportan energía y cuáles me frenan?
– ¿Cómo es mi relación con la comida?
– ¿Cuánto necesito dormir para sentirme bien?
– ¿Qué me estresa y cómo reconozco cuando estoy sobrepasando mis límites?
– ¿Dónde siento ese malestar en mi cuerpo?
– ¿Disfruto lo que hago al despertar o antes de ir a dormir?

Estos cambios, aunque parezcan mínimos, pueden tener un impacto profundo.
Porque, a menudo, cuando las piezas pequeñas se ajustan, las grandes empiezan a encontrar su lugar.
Y sí, dentro de unos años, mirarás atrás y dirás que lo habrías hecho distinto.
Porque, de nuevo, habrás evolucionado, te conocerás aún mejor, sin arrepentimientos y con gratitud por el camino recorrido.
Con cariño,
María

