Hola,
Cada mes, el tema que proponemos en Rādika me invita también a parar, observar y hacerme preguntas importantes.
Este mes, con el foco en la rigidez y la flexibilidad, he estado reflexionando sobre los dos polos: la rigidez y el caos.
Daniel Siegel describe estos extremos como señales de que el sistema nervioso ha perdido su capacidad de autorregulación.

En la rigidez, hay un intento de controlar lo que se siente, lo que se dice, lo que se hace, e incluso la forma de interpretar lo que ocurre: todo se ve en blanco o negro, sin matices.
En el caos, todo se acelera, se mezcla, se desborda — como si fuera una película sin guión que no se puede pausar.
La rigidez congela.
El caos desborda.
Ambos extremos pueden ser respuestas comprensibles, incluso protectoras.
Pero cuando se habita demasiado tiempo en uno de ellos, algo se cierra, se endurece o pierde equilibrio.
Entre esos polos, Siegel propone un estado más integrado: la flexibilidad.
No como meta perfecta, sino como una forma más amable de relacionarse con lo que ocurre.
Como el bambú: con base firme y cuerpo que se mueve con el viento sin romperse.
El foco de este mes puede invitar a preguntarse:
• ¿Qué lleva a la rigidez?
• ¿Qué activa el caos?
• ¿Qué recursos internos pueden ayudar a suavizar, adaptarse y volver al centro?

Ilustración Marie Montocchio
A veces basta con cambiar de ritmo, mover el cuerpo, soltar una exigencia, pedir lo que se necesita o simplemente hacer una pausa real, aunque sea breve.
No se trata de tenerlo todo claro.
Se trata de reconocer el punto en el que se está, y abrir espacio para algo distinto.
Gracias por compartir este recorrido.
Un abrazo,
María

