Querida comunidad,
La metodología del Yoga Sensible al Trauma, con sus siete pilares, nos brinda una poderosa oportunidad para integrar aspectos fundamentales de la sanación en un espacio seguro, ya sea en una sesión de yoga o terapia.
Nos permite conectar con aquellas partes de nosotros que han sido dañadas, desde un lugar de compasión y seguridad.
A través de esta práctica, empezamos a soltar las ataduras de nuestros traumas, incluso aquellos que ni siquiera reconocemos porque los hemos integrado como parte de nuestra personalidad.
Esa es la gran belleza de esta metodología.
Más allá de la sala de yoga o de terapia, los siete pilares ofrecen conceptos que pueden ser aplicados en nuestra vida diaria, transformando la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.
Al adoptar estos principios, podemos ver cambios en nuestras interacciones y en nuestras relaciones internas y externas.
Todos llevamos heridas, algunas más visibles que otras, pero todas influyen en nuestra forma de movernos por el mundo.
Estos pilares nos ofrecen recursos valiosos que no solo ayudan a evitar más daño, sino que también abren la puerta a la sanación.
Cuando las personas asisten a nuestros cursos, uno de los comentarios más recurrentes es cómo la metodología no solo transforma la forma en que comparten el movimiento y la conexión con el cuerpo, sino que también impacta profundamente en su manera de interactuar con los demás.
Incluso los psicólogos que conocen la metodología suelen preguntarme cómo pueden aprender a comunicarse e interactuar desde este enfoque.
Hoy quiero compartir contigo los siete pilares y cómo podemos integrarlos en nuestra vida cotidiana: en casa, en el trabajo, en la calle. Espero que te resulten útiles.
lIlustración Marie Montocchio
1. Seguridad
La seguridad es la base de todo.
Solo podemos sanar, aprender y crecer cuando nos sentimos seguros.
Es crucial reconocer con quién, dónde y cuándo nos sentimos así, y ser capaces de establecer límites cuando es necesario.
De la misma manera, debemos ser conscientes de que los demás solo pueden ser ellos mismos si se sienten seguros con nosotros, escuchados y validados en sus emociones.
2. Opciones
El trauma surge cuando sentimos que no tenemos opción o control.
La sociedad impone muchas reglas sobre cómo deberíamos ser o actuar, lo que nos desconecta de nuestras verdaderas necesidades.
Aprender a elegir conscientemente y a permitir que los demás también lo hagan es clave.
Incluso en las limitaciones, siempre hay espacio para decidir cómo afrontamos las situaciones.
3. Conexión con los sentidos
Entendemos el mundo a través de nuestros sentidos, que capturan información constantemente.
Esta información nos ayuda a situarnos en el espacio y a comprender cómo nos sentimos en cada momento.
Es vital confiar en nuestros instintos y ser conscientes de las señales que nos envía nuestro cuerpo, tanto del presente como de experiencias pasadas.
4. Presencia
Solo en el presente podemos conectar y sanar.
Cuando nuestra mente está atrapada en el pasado o anticipando el futuro, perdemos esa capacidad.
La presencia es un músculo que se entrena, no solo en la meditación o el yoga, sino en cada acto cotidiano: comer, ducharse, escuchar.
Cada momento es una oportunidad para fortalecer ese músculo y, con el tiempo, la mente aprenderá a estar presente sin esfuerzo.
5. Movimiento
Nuestras emociones se expresan a través del movimiento.
Cada emoción tiene su propio ritmo e intensidad: la tristeza es lenta, la alegría es rápida y la rabia intensa.
El movimiento nos permite dar voz a estas emociones, acompañarlas y transformarlas en algo útil y sanador.
A través del movimiento, podemos liberar las emociones difíciles y convertirlas en herramientas para nuestra sanación.
6. Conexión auténtica
Las heridas más profundas ocurren en las relaciones, y también es en las relaciones donde podemos encontrar sanación.
Cada interacción es una oportunidad para cultivar una conexión auténtica.
Es importante reconocer las relaciones tóxicas y establecer límites, al mismo tiempo que nutrimos las conexiones positivas.
En cada encuentro, podemos ser una presencia sanadora para nosotros mismos y para los demás.
7. Autocompasión
Vivimos en una cultura de juicio y culpa.
Nuestro diálogo interno a menudo es crítico: “No soy suficiente”, “Soy un impostor”.
Tenemos el poder de cambiar esa narrativa, tanto a través de nuestras acciones como de nuestras palabras internas.
Date permiso para cuidarte, para reconocer lo bueno en ti, y para recordarte que mereces aprecio, respeto y amor, sin importar lo que ocurra.
lIlustración Marie Montocchio
Espero que estos elementos te sirvan de guía.
Quizás, al leer esto, uno de ellos resuene contigo más que los otros.
Te invito a empezar por ese y, en unos días, volver a revisarlos para ver cuál otro te gustaría incorporar en tu vida.
Un abrazo,
María

lIlustración Marie Montocchio
lIlustración Marie Montocchio
