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Ilustración Marie Montocchio No de doctrina, ni de reglas, ni de tener razón sobre lo que hay o no hay ahí arriba. Sino de esa sensación de que, en ciertos momentos, no estamos del todo solos. De que algo nos acompaña. Hay momentos que nos lo recuerdan. Nos sacan un instante de nosotros mismos y nos conectan con algo más amplio. Una puesta de sol, el nacimiento de un hijo, una música que te atraviesa, o estos días, un gol. En todos ellos, por un segundo, sientes que formas parte de algo y que ese algo está contigo. A veces lo llamamos asombro. Pasa también con las coincidencias. Esa llamada justo cuando pensabas en la persona. Esa señal que llega en el momento exacto. Cosas que la razón no explica del todo, y que nos hacen sentir que hay algo superior organizándolo. Cuando la coincidencia es buena, esa sensación reconforta. Sientes que no caminas en soledad. El problema es que no todo lo que nos pasa nos acompaña. A veces la vida golpea. La enfermedad que llega en el peor momento, la pérdida que se cruza con otra pérdida, el dolor para el que no hay explicación. Y en esos momentos, miras arriba igual que el jugador después del gol. Ahí la espiritualidad se bifurca. Para algunos, el dolor es precisamente donde más sienten esa compañía, ese sostén que les permite seguir. Para otros, el dolor es la prueba de que no debe haber nadie. Si alguien estuviera ahí arriba, piensan, no me habría dejado solo en esto. Para mí esa sensación es una de profunda soledad, de abandono, de perder aquella compañía con la que, en teoría, siempre podemos contar. |

Ilustración Marie Montocchio Las dos reacciones son humanas. Las dos nacen de lo mismo: de haber mirado arriba buscando no estar solo. Tanto la alegría inmensa como el dolor más hondo nos llevan al mismo gesto. Miramos arriba, hacia dentro, hacia algo. Buscando no estar solos en lo que sentimos. A veces sentimos esa compañía con claridad. A veces la buscamos y no la encontramos. Y quizás parte de lo que es ser humano es seguir mirando de todas formas. ¿Hacia qué o hacia quién miras tú, en la alegría y en el dolor?
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