Este mes en Rādika reflexionamos sobre la humanidad compartida: ese recordatorio de nuestra conexión intrínseca, de que compartimos más de lo que nos separa.Y que, si lo deseamos, es posible comprendernos mutuamente con poco esfuerzo, incluso a aquellos que nos resultan difíciles de entender.Podría pensarse que, gracias a la tecnología, esta humanidad compartida encontraría nuevas formas de integración.Las redes sociales nos permiten mantenernos en contacto y actualizados sobre aquellos seres queridos a quienes no vemos regularmente debido a la distancia geográfica o a los compromisos.También brindan una plataforma para que aquellos que previamente carecían de un medio para ser escuchados, ahora puedan expresarse y compartir su realidad y perspectiva.Los traductores en línea han derribado las barreras idiomáticas entre culturas.Sin embargo, la realidad parece ser contraria a estas expectativas, cada vez estamos más separados.

Al analizar y almacenar nuestras interacciones en línea y fuera de ella –conversaciones, lecturas, compras, búsquedas, movimientos – el mundo que se nos presenta a través de los medios refuerza únicamente nuestras propias opiniones, y nos anima a seguir en la misma dirección. Si revisas mis redes sociales, pensarías que el mundo entero gira alrededor de hijos adolescentes, la menopausia, el interés por la salud mental, el yoga, el deporte, una postura neutral en conflictos bélicos pero proactiva en la paz, la esperanza de que Trump no gane, y amor por la naturaleza.Cualquier perspectiva diferente simplemente no aparece en mis redes, es como si no existiera.Debo hacer un esfuerzo consciente y deliberado para entender otras realidades y perspectivas.De lo contrario, mi visión del mundo se consolida, haciendo cada vez más difícil abrirme a comprender, empatizar y conectarme con los demás.La búsqueda de felicidad, conexión y serenidad es universal.Nacer, vivir, morir es parte de la travesía de todos.Experimentar momentos de alegría y sufrimiento es inherente al ciclo vital compartido.Cada uno de nosotros vive su propia versión y recorre su camino, pero hay elementos fundamentales que enraízan cada existencia.La humanidad compartida nos insta a derribar las barreras que erigimos entre «tú y yo» o «el otro y yo», buscando lo que tenemos en común, puntos de entendimiento, compasión y conexión.Es cierto que somos únicos, pero es aún más cierto que estamos interconectados.

Este mes, Rādika invita a abrir las ventanas a la humanidad compartida, a reconocer nuestras conexiones, a trascender las burbujas que se forman a nuestro alrededor.Es un momento para reflexionar sobre cómo encontrar la conexión hasta en aquello que parece separarnos, como abrir espacio a lo que nos parece ajeno.Las barreras que nos ponemos parecen darnos una sensación de seguridad falsa, de confianza en nosotros mismos solo en lo que aceptamos.Permite que neguemos las partes nuestras que no queremos ver, que evitemos los lugares que nos dan miedo. El diálogo compasivo y auténtico con uno mismo y con los demás inicia cuando eliminamos estas barreras, cuando vemos que son semipermeables y que siempre hay vías de entrada para la comunicación y el entendimiento.
Un abrazo,
María

