Querida comunidad,
Esta semana, en nuestra sesión mensual gratuita de Yoga Sensible al Trauma, me encontré pensando en algunas de las emociones que más me preocupan y que siento muy presentes en la sociedad en la que vivimos: la soledad, la ansiedad, la impotencia, la incertidumbre…
Esa sensación de que el suelo bajo nuestros pies cambia constantemente, que no hay tiempo de asentarse, que siempre hay una nueva noticia que lo revuelve todo.
A veces incluso lo que vamos por unos segundos de distracción o incluso de conexión nos lleva a más ruido, comparación, distracción.
Las redes sociales son un gran ejemplo.
Y en medio de todo esto, me resonó una frase de María Noel Anchorena durante nuestra conversación por Instagram Live que quiero compartir aquí:
«Identifica qué te hace feliz a ti en este momento.»

Me encantó la idea de “en este momento”, de soltar la imagen de la sonrisa profident o Coca-Cola, de permitirnos cambiar y reconocer lo que hoy, de verdad, nos hace bien.
A veces seguimos aferradas a cosas que en su momento nos hicieron felices, pero que ahora —si nos detenemos a mirar— ya no nos nutren, ya no tienen sentido.
Y, por otro lado, también hay cosas nuevas que vamos descubriendo —cosas que antes no conocíamos, o que no tenían sentido para nosotras— y que hoy se vuelven fuente de bienestar.
Porque lo que nos hace felices cambia con el tiempo.
Cambian nuestros roles, nuestras prioridades, nuestros contextos.
Y con eso cambian también nuestras necesidades.
Lo que antes era indiferente puede hoy ser profundamente valioso.
Reconocerlo requiere dos cosas:
– Tomar un momento para mirar hacia adentro con honestidad y coraje.
– Reservar otro momento para darnos algunas de esas cosas que hemos reconocido. Algunas solo requieren unos instantes de presencia.
Ambos son actos de cuidado.
Ambos son revolucionarios en un mundo que constantemente nos empuja hacia afuera.
Así que esta semana, nos invito a hacernos una pregunta muy sencilla pero poderosa:
¿Qué me hace feliz hoy?

Ilustración Marie Montocchio
No lo que debería hacernos feliz.
No lo que nos hacía feliz hace cinco años.
Hoy.
Con nuestras circunstancias, nuestros límites, nuestros deseos, nuestras posibilidades.
Y si podemos, encontremos una forma —aunque sea pequeña— de acercarnos a eso.
Tal vez sea un paseo sin móvil, una conversación auténtica, una comida lenta, una siesta, un abrazo.
O simplemente decir no a algo que nos aleja de nosotros mismos.
Porque en esta búsqueda de la felicidad, a veces lo más importante no es encontrar grandes respuestas, sino atrevernos a hacernos las preguntas correctas.
Un abrazo,
María

