Querida comunidad,
Todos nos encontramos en relaciones que, en teoría, llaman a la jerarquía: profesor y alumno, jefe y empleado, médico y paciente, terapeuta y consultante.
Son vínculos donde parece que uno debe tener la fuerza, el conocimiento o la solución, y el otro se coloca en el lugar de la necesidad o la ignorancia.
Pero ¿es realmente así?

La fortaleza sin vulnerabilidad puede crear distancia.
Admiramos al que parece invencible, pero rara vez nos sentimos cerca de él.
La vulnerabilidad, en cambio, nos acerca porque nos reconocemos en la fragilidad, aunque sin un fondo de sostén puede resultar abrumadora.
Es en la combinación de ambas donde nace la verdadera confianza: cuando alguien que guía o cuida se permite mostrarse humano, sin dejar de sostener.
Un jefe que admite un error y busca soluciones.
Una médica que reconoce los límites de lo que sabe y sigue caminando junto a su paciente.
Una profesora que escucha de verdad a sus alumnos porque no necesita demostrar que lo sabe todo.
Un terapeuta que se permite sentir sin dejar de acompañar.
Un padre que pide perdón a su hijo y, en ese gesto, enseña más que con cualquier discurso.
En todos ellos descubrimos que la autoridad no se debilita al abrirse, sino que se humaniza.

Ilustración Marie Montocchio
Porque todos, en algún momento, estamos en la posición de sostener y en la de ser sostenidos.
Y quizás lo importante no sea la fuerza de uno o la vulnerabilidad del otro, sino cómo dejamos que ambas convivan en nuestras relaciones.
Un abrazo,
María

