Reflexiones sobre la conducta altruista y su impacto positivo en nuestra vida y la de los demás, desde el punto de vista psicológico, científico y contemplativo.
En Rādika dedicamos el mes de Junio al poder del Altruismo.
La palabra “altruismo” deriva del latín “alter”, que significa “otro” y fue utilizada por primera vez en el siglo XIX por el sociólogo Auguste Comte. El altruismo, según él, implica la “eliminación del deseo egoísta y del egocentrismo, así como llevar una vida dedicada al bienestar de los demás”.
Aunque no existiese todavía el término, desde siempre el altruismo ha sido una parte central de muchas tradiciones filosóficas y espirituales: en las orientales, cómo el yoga y el budismo, el altruismo se consideraba un camino hacia la realización personal y el desarrollo espiritual; los primeros cristianos empleaban el concepto de “ágape”, refiriéndose a un amor incondicional que no espera recompensa.
En las últimas décadas muchos psicólogos, sociólogos e investigadores se han dedicado al estudio del altruismo, debatiendo por ejemplo si las intenciones son suficientes o si se necesita acción para definir el auténtico altruismo, e investigando cuales son los mecanismos fisiológicos y neuronales involucrados al actuar en beneficio de los demás.
Se identificó por ejemplo el “helper’s high”, el subidón de quien ayuda: un estado de satisfacción y bienestar que surge al prestar ayuda a quien la necesita, debido a que aumentan los niveles de endorfinas en el cuerpo y se activan las áreas de recompensa del cerebro (las mismas que se activan cuando comemos chocolate, por ejemplo). Este estado de “subidón” puede ayudar a reducir los síntomas de estrés, ansiedad y depresión, impactando la salud mental de quien ayuda: la acción altruista beneficia así no solo a quien la recibe, sino que también a quien la ofrece.
Además, cuando actuamos con en mente el bien de otros, salimos de la prisión mental del autocentramiento, esa preocupación ansiosa acerca de “yo, mí, lo mío” que nos desconecta de los demás, y conectamos con una realidad más amplia: percibimos la interconexión e interdependencia de la vida y la humanidad compartida, reforzando así un sentido de pertenencia y conexión social, que es clave también para nuestra salud mental y emocional.
Otras investigaciones sugieren que la conducta altruista está asociada con un mayor tono vagal (siendo el tono del nervio vago un importante indicador general de salud), una mejor salud cardiovascular y una mayor longevidad. Y si miramos a una escala más amplia, actuar para el bien de los demás y contribuir a una causa que consideramos importante, además de generar un impacto positivo, nos puede proporcionar un gran sentido y propósito vital, un factor muy importante de bienestar, salud y resiliencia.
En resumen, el poder del altruismo radica en su capacidad para mejorar vidas, fortalecer comunidades y generar un cambio positivo a nivel amplio. Actuar con altruismo no solo beneficia a quienes reciben la ayuda, sino también a quienes la ofrecen, creando un ciclo virtuoso de bienestar y solidaridad.
A lo largo del mes de Junio conversaremos con varios expertos sobre el poder del altruismo para la transformación individual y social, la psicología y neurociencia del altruismo, la acción altruista eficaz y conoceremos diferentes proyectos solidarios. Tendremos una sesión de Yoga Sensible al Trauma enfocada en el contagio emocional y el distrés empático, y una sesión de Meditación sobre el amor benevolente (metta).

