Bienvenida a esta nueva edición de nuestra carta.
Llego a ti para escribir sobre “ser familia”.
La verdad es que me ha costado escribir esta carta.
Tengo muchas preguntas sin respuestas completas (bueno esas siempre las tengo, es lo que me fascina de este camino del crecimiento).
¿Qué significa ser familia?
¿Compartir sangre?, ¿crear una nueva línea junt@s?
Es decir, ¿es biológico?, o ¿es más bien emocional?
¿Y es quererse, apoyarse, disfrutar junt@s, crear espacios especiales comunes?
Sin duda tiene que ser lo segundo.
Es decir, pueden ser una combinación de los dos, pero si solo va a ser una de las dos cosas, o lo biológico o lo emocional, tenemos que apostar por lo emocional.
Apostar por lo emocional es priorizar la conexión, el cariño.
Apostar por lo emocional es estar dispuesto a ponerle intención y, a veces, esfuerzo.
Lo biológico nos puede hacer ser vagos, darlo por hecho – pero es esencial no darlo por hecho.
Tiene que ser nuestro lugar de seguridad y de crecimiento, debe ser un lugar donde ejercemos la compasión y la gratitud.
La familia también conlleva el roce – ese trato continuo.
Eso tiene su belleza: conocerse, entenderse sin palabras, tener una historia común llena de momentos bonitos, divertidos, o especiales.
El roce, y esa historia común, también tiene su lado complicado.
Como dice Ram Das, “Si crees estar iluminado, pasa una semana con tu familia”.
La historia común y el roce que conlleva ser familia significa que muchas de nuestras heridas también fueron creadas en esa relación y en esa compañía.
Ese roce significa que conocemos y conocen todas las heridas, y los botones que las despiertan.
Es esa historia desde la infancia que nos lleva, siendo adultos, a reaccionar de nuevo como ese niñ@ que se siente por ejemplo dañadx, abandonadx o menospreciadx.
La familia es idealmente, tanto nuestro lugar para encontrar seguridad, apoyo y conexión, como el lugar para aprender y crecer, seamos como seamos.
Tiene que ser nuestro lugar para reírnos y para llorar.
Tiene que ser el lugar donde reconocemos a las personas que lo forman como aliad@s, como compañer@s de viaje, como seres querid@s.
No siempre es fácil, a menudo es difícil, me atrevo a decir que puede ser muy difícil.
¿Cuáles son las claves?
¿Gratitud?, ¿compasión?, ¿humildad?, ¿comprensión?, ¿paz?, ¿límites?
Puede que eso sea un buen comienzo.
Tu, ¿qué piensas?
Gracias por leerme, y acompañarme al pensar en estas preguntas sin respuestas completas.
Con ganas de compartir este mes contigo para seguir explorando estas dudas, seguir buscando el camino.
Un abrazo,
María

