He sido hija, nieta, hermana, hijastra, mujer, madre, madrastra, tía y cuñada – y cada uno de esos roles tiene su qué, su especificidad, su lugar.
Mientras todos están dentro de mi y son parte de quien soy; no todos se expresan igual, no todos piden lo mismo de mi.
Ser hija empezó conmigo siendo cuidada y acabó conmigo cuidando.
Ser nieta significó pasar los miércoles en casa de mi abuela para comer mi comida preferida, jugar a las cartas, comer tortitas con nata – porque se lo pedía. Algunos días íbamos al cine donde las dos siempre sabíamos que me quedaría dormida. Dormía mejor al lado de ella.
Ser hermana significa compartir, reconocer, apoyar, crecer, pelear, comprender. Ser hermana pequeña ha significado aprender, admirar, ser inspirada.
Ser hijastra significó recibir cariño donde no sabía que me iba a tocar. Sentir agradecimiento, poder ver otra perspectiva.
Ser mujer me da tranquilidad, compañerismo, risas. Es el lugar para compartir, sentirme apoyada y apoyar, también aceptar, hacer compromisos.
Ser madre es lo que siempre quise ser. Me saca el cariño, la fuerza, la «ser cuidadora». También despierta el miedo y las heridas que debo trabajar.
Ser madrastra ha sido quizás lo que más inseguridades he sentido al serlo. Lo que más he temido equivocarme, no hacerlo bien. Y a la vez, también ha sido un regalo y un lugar de aprendizaje.
¿Qué tienen todos estos roles?
Cariño y amor incondicional, apoyo, heridas compartidas, diferencias, similitudes, días buenos y algunos días más difíciles; decisiones fluidas, y otras más complicadas.
Me doy cuenta al escribir esto y al pausar mi mente que soy quien soy, en gran parte, por esas relaciones – por lo que he recibido, ofrecido, y aprendido en cada una de ellas.
Ser familia no es siempre fácil – es la relación de la que menos podemos escapar.
Si no va bien no se puede romper, el lazo siempre está ahí.
Aunque dejemos de hablar o no nos veamos; aunque hayan separaciones o muertes – siempre existimos lxs unxs dentro de lxs otrxs.
Cada unx tenemos nuestra poción familiar, con sus ingredientes que reaccionan entre sí en una combinación única.
En unos días cerramos este mes dedicado a “ser familia”.
Te ofrezco este espacio de reflexión, de gratitud, de aceptación, de no juicio.
Quizá puede ser una oportunidad para reconocer nuestros roles con su particularidad: lo que nos ha dado y lo que hemos contribuido.
También es un lugar para dar espacio a los demás, a sus combinaciones únicas y sus formas de manejarlas, juntarlas, cuidarlas – las entendamos o no.
Gracias por ser parte de esta comunidad, esta tribu.
Aquí también jugamos todos un rol y te estamos agradecidos por leernos, seguirnos, acompañar este camino hacia un mundo más sensible.
Un abrazo,
María

