Bajo al bar de la esquina del pueblo, dónde veraneo, para escribir esta newsletter.
Me siento, pido un descafeinado y un vaso de agua.
Estos días de descanso disfruto de cada sorbo.
Tengo tiempo y espacio mental para absorber la vista de barcas, las casas de pueblo. Para sentir el aire del ventilador y escuchar los sonidos de un pueblo que se despierta.
Hay en mí una presencia y un goce que, a veces, desaparece durante el año.
Este mes de agosto lo estamos dedicando a la atención plena – mindfulness – y la meditación.
Siempre me ha gustado la palabra “mindfulness”, que literalmente quiere decir tener: la mente llena.
¿Llena de qué?
De presencia y conciencia con lo que estamos haciendo o experimentando: sea en una práctica informal de tomar este descafeinado, o en la práctica formal de sentarte a meditar.
Por ello, hay dos historias que me gustaría contarte, ya que me ayudaron a cambiar mi relación con la práctica informal y la práctica formal.
Espero te ayuden también.
Yo solía ser crítica de arte.
Cuando dejé ese mundo, pasé unos años desconectada del mundo del arte.
La presión de tener que entenderlo, intelectualizarlo, hizo que perdiese lo más fundamental, la conexión emocional con la obra.
Al cabo de unos años, volví a ello como principiante – con los ojos curiosos y una mente abierta.
Recuerdo un día que me senté delante del cuadro «Puente sobre un estanque de nenúfares» de Monet en el Museo Metropolitan de Nueva York.
Al observarlo sentí la presencia plena y el amor del artista francés hacia ese paisaje: pensé en las horas que dedicó a ver y capturar cada hoja, cada flor, y cada reflejo del sol.
De Monet aprendí que la atención plena, no solo significa tener una mente llena de algo, sino también tener un corazón pleno de ello. Y aprendí que se puede aplicar a cualquier momento.
Para la práctica formal, el cambio vino gracias al maestro de meditación Jack Kornfield, con quién tuve el privilegio de estar en un retiro de meditación.
Cada vez que estábamos a punto de comenzar la práctica formal, Jack decía: “Bien, vamos a sentarnos”.
Remplazaba la indicación usual de “vamos a meditar” con la simplicidad de sentarse.
Ese cambio de palabras transformó mi perspectiva.
La palabra “sentarse” transforma la meditación, que puede ser intimidante, en algo cercano, natural, e instintivo.
“Vamos a sentarnos”: nos pide estar presentes con la mente y el corazón en un acto que nos es inherente.
A partir de mañana, desde Rādika, haremos una desconexión de once días de las redes sociales, un detox digital.
¿Te gustaría unirte?
Hemos preparado once meditaciones para acompañarte todos los días con algunos de los maravillosos profesionales que se unen a rādika cada mes para charlas, cursos y meditaciones.
Las encontrarás en nuestra web y en Spotify.
Esperamos que las disfrutes.
Te deseo buen resto de agosto, nos vemos otra vez en septiembre.
Un abrazo,
María

