Bienvenid@ a la primera carta de diciembre, mes que dedicamos a las relaciones. Pensamos que era una buena forma de acercarnos a las fiestas, ya que para muchos representa un momento especial alrededor de las relaciones: pensar en seres queridos, juntarse en familia (a cada uno nos evocará emociones y sensaciones distintas), recordar a seres que ya no están este año.
Al sentarme a escribir esta carta, y ponerme a pensar que quería compartir, me han surgido preguntas que me han hecho reflexionar sobre el rol que tienen las relaciones en mi vida, y mi rol en cada una de ellas.
Estas preguntas son lo que comparto contigo por si te pueden servir también.
Los humanos somos por ende seres sociales, buscamos el contacto con otros.
De hecho, desde que nacemos, no solo buscamos a un otro sino que además dependemos de él.
La bebé jirafa nace y se pone a caminar. Ella tiene la capacidad de por sí sola ir a buscar el pecho de su madre.
Nosotros no.
Nosotros dependemos de ser cogidos y acercados al pecho.
Y no solo dependemos del otro para comer, dependemos tanto del tacto y del cariño como dependemos de la comida.
Dependiendo de como nos tratan, como responden a nuestras necesidades innatas, aprendemos a relacionarnos y a lo que podemos esperar de las personas con las que nos relacionamos.
Cuando somos niños, aún dependientes pero con autonomía de movimiento, estamos dispuestos a pensar y hacer lo que sea con tal de conectar con nuestros cuidadores.
Gabor Maté lo llama el dilema de «autenticidad versus conexión».
Si tememos que nuestra forma de ser auténtica no nos permitirá conectar con nuestra madre o nuestro cuidador, pondremos por delante la relación antes que ser auténtico – lo vemos como más esencial para asegurar nuestra supervivencia.
Si para ser querido y visto por tu cuidador necesitas que sea más callada, buena, que me ría más, pinte más, o que sea más permisiva – lo seré.
Estos aprendizajes y experiencias, y todo lo que me hacen sentir, también formarán una parte esencial de lo que me hará ser quién soy y cómo me relaciono.
No podemos cambiar lo que ocurrió en aquel entonces, pero quizás si que podemos explorar y pararnos a pensar cómo entendemos las relaciones ahora a causa de ello.
Podemos decidir qué elementos de cómo me relaciono con los demás, de qué busco, de qué creo, de qué rechazo tiene sentido en mi contexto de hoy cuando ya no dependo de ese cuidador.
En esa exploración algunas preguntas que nos podemos hacer incluyen:
En torno a con quién me relaciono:
– ¿Qué personas me atraen y cuáles me causan rechazo?
– ¿En quién confío y con quién guardo distancia?
– ¿Quién me saca mis inseguridades y quién me da paz?
– ¿A quién llamo cuando no estoy bien, y a quién evito?
En torno a cuál es mi rol en cada relación:
– ¿Qué espero de una relación de pareja, de amistad, de trabajo, o con mi médico o mi psicóloga?
– ¿Cuáles son las expectativas que tengo en cada una de ellas y que estoy dispuesta yo a aportar?
– ¿Cuáles son límites que necesito establecer en cada una de mis relaciones?, y ¿soy capaz de expresarlos?
– ¿Cómo veo el equilibrio de dar y recibir en estas relaciones?
Y me pregunto también, ¿estoy dispuesta a ver que cada persona contestará a estas preguntas de forma distinta? ¿Qué parte de relacionarme será abrirme a las perspectivas de otros pero también saber hasta dónde y por quién estoy dispuesta a adaptarme?
¿Cuándo y cómo me estoy relacionando yo, María, la adulta? y ¿cuándo y cómo sale mi niña interior que en un momento no pudo ser auténtica?
Gracias por leerme,
Te deseo un buen fin de semana
Un abrazo,
María

