Querida comunidad,
Nuestros sentidos son la vía que tenemos para conectarnos con el mundo externo: vemos, olemos, escuchamos, tocamos…
Gracias a ellos nos orientamos y reconocemos lo que nos rodea.
Pero hoy quiero proponerte mirar más allá: ¿y si los sentidos fueran también una puerta directa hacia nuestro mundo interno?
Lo que percibimos no es neutro.
Cada olor, cada imagen, cada sonido que llega a nosotros pasa por el filtro de nuestras vivencias.
Por eso, para mí, el olor de la lavanda, las montañas alpinas, unas casas de ladrillo o incluso unas lentejas no son solo lo que son… son lo que han significado para mí a lo largo de mi vida.
No solo estoy con ellas en el presente, también me llevan al pasado, a momentos vividos que han dejado huella en mi cuerpo.
Reconocer eso es el primer paso: entender qué significado tiene para mí cada cosa.
Aprovechar lo que me genera buenas sensaciones me permite tener una vía directa hacia la seguridad, la conexión y el bienestar.

Ilustración Marie Montocchio
¿Y cuando lo que percibo trae una memoria dolorosa?
Entonces tengo la oportunidad de reconocer ese recuerdo, esa impresión que quedó grabada en mí, y preguntarme: ¿sigue siendo así hoy?
Hace más de 30 años tuve un accidente de coche en un túnel.
Hoy, al entrar con el coche en un túnel, mi cuerpo se tensa.
No estoy viviendo el presente, estoy reviviendo el pasado.
Pero si lo reconozco, puedo abrir una posibilidad de resetear esa reacción.
Puedo recordarme que no todos los túneles son peligrosos.
Puedo volver al presente.
Y desde ahí, trabajar lo que quedó activado.
El segundo camino hacia nuestro mundo interno es observar cómo percibimos.
Cuando estamos bajo estrés, nuestra percepción se estrecha.
Es una respuesta de supervivencia: los sentidos se enfocan solo en lo que puede representar una amenaza o una vía de escape.
El resto – colores, rostros, sonidos, olores – se borra.
Imagina que vas a hablar en público.
Si tu sistema está activado, quizás solo veas el proyector o tus notas.
Las caras del público se desdibujan.
Y tu cerebro interpreta eso como una señal de que estás en peligro.
¿La buena noticia? Que podemos hackear ese sistema.
Así como una respiración lenta le dice al cerebro “estamos a salvo”, ampliar conscientemente nuestra percepción – mirar a nuestro alrededor, notar sonidos o detalles que antes no veíamos – ayuda a que el sistema nervioso se relaje.

“María está disfrutando del mundo. Debe ser que estamos bien.”, piensa mi cuerpo.
En Yoga Sensible al Trauma lo llamamos orientación: el acto consciente de reconocer nuestro entorno con amplitud, apertura y presencia.
Incluso podemos cerrar los ojos y activar nuestro “archivo interno”: volver a un lugar que nos haga bien, imaginar la cara de alguien querido, y recordarlo con los sentidos –verlo, olerlo, sentirlo– dejando que el cuerpo se oriente desde ahí.
Y cuando volvemos a abrir los ojos, algo en nuestra percepción cambia.
Conectamos con el mundo de otra forma.
Ojalá estas palabras te sirvan para explorar tus sentidos no solo como puertas al mundo externo, sino también como caminos de regreso a ti.
Con cariño,
María

