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Ilustración Marie Montocchio Elegimos nuestros vínculos en parte desde nuestras partes sanas y en parte desde nuestras heridas. No elegimos solo desde la claridad. También elegimos desde lo familiar. Por eso una relación puede convertirse en un espacio de crecimiento. Pero también puede convertirse en un lugar donde el dolor se mantiene. Nuestras relaciones íntimas activan nuestras heridas no resueltas. Ahí está tanto el riesgo como la oportunidad. En una conversación con Mario Salvador, durante el Instagram Live que hicimos para presentar su curso sobre Trauma emocional y su curación, surgió una idea que me pareció clave: quizá la pregunta en torno al trauma no es solo qué ocurrió en el pasado, sino qué sigue ocurriendo hoy que lo mantiene. Llevado a las relaciones, esto cambia el foco. No es solo cómo empezó este vínculo. Es qué se activa en él. Qué se repite. Qué sigo tolerando. Qué sigo reforzando. A veces lo que nos une es bienestar real: respeto, libertad, admiración, posibilidad de crecer sin miedo. Otras veces lo que nos une es comodidad. Pero no siempre la comodidad es bienestar. A veces es, simplemente, lo conocido. Lo que nuestro cuerpo reconoce porque ya lo ha vivido antes. Y lo conocido puede sentirse seguro, incluso cuando no nos hace bien. Ahí está una diferencia importante: ¿Esta relación me hace sentir bien porque hay cuidado y dignidad? ¿O me resulta cómoda porque encaja con patrones que ya conozco? Ambas pueden sentirse estables. Pero no producen lo mismo. |

Transformar un vínculo no siempre implica romperlo. A veces implica reconocer lo que se activa en mí, poner límites o cambiar la forma en que participo. No estamos condenados a repetir. Nuestras relaciones no están determinadas solo por nuestra herida. También están atravesadas por nuestra capacidad de concienciay de elección. Quizá este mes pueda ser una oportunidad para mirar nuestros vínculos con honesta curiosidad. No para juzgarnos, sino para entender desde dónde nos estamos uniendo. Porque lo que nos une puede sostener la herida. O puede empezar a transformarla.
Un abrazo, |

